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jueves, 11 de agosto de 2016

Cuento: Pais de los sueños.





Género: Terror.

EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas.
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas. Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar. Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia.
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN
EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

Lima/Perú.

Ricardo Gutiérrez vive una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llego a este estado, de niño quería ser un astronauta o un escritor reconocido. Siempre soñaba con lograr grandes cosas en la vida, ganar mucho dinero y mantener una vida llena de lujos para morir feliz. Pero ahora es solo un hombre con una mirada muerta.
Fue un niño muy soñador y decidido, pero las cosas no son fáciles. La vida no le fue como él lo deseaba, su padre falleció de un paro cardiaco cuando solo tenía 12 años, y su madre entro en depresión y no puso conseguir un empleo por 3 años. Ricardo seguía yendo a la escuela gracias al seguro de su padre y ayuda de sus demás familiares. Finalmente su madre logro recuperarse, se sentía fatal por haber descuidado a su hijo. Se levanto y consiguió empleo, y gano una cantidad relativamente buena para mantenerlo y devolver el dinero prestado por su familia.

Terminar la escuela para Ricardo fue un trabajo difícil, debido a ciertos factores, entre ellos su poca capacidad de atención y su adicción a los videojuegos.
Se saltaba muchas clases para jugar con cierto grupo de compañeros, se metía en distintos problemas con su madre debido a sus bajas notas y a que le robaba dinero para poder seguir jugando. Fue detenido varias veces por robo, ya que su madre comenzó a esconder con recelo su dinero, y entonces él tuvo que buscar otra fuente de ingresos.

Su madre se volvió a casar, y su padrastro no consentía que un joven de 19 años siguiera viviendo con sus padres. Su madre también estaba de acuerdo, no podía seguir dándole todo, no podía seguir malcriándolo.
Nadie quería contratar a joven tan revoltoso y con malos antecedentes, pero obtuvo un trabajo como vendedor de autos en una pequeña compañía gracias a un tío que fue lo suficientemente amable como para emplearlo.
Lamentablemente, Ricardo no es bueno con las personas, le cuesta encontrar las palabras correctas que decir, es tímido. Por ello su trabajo no duro mucho tiempo, su tío finalmente se canso de su ineptitud y lo despidió. Ricardo perdió su trabajo luego de solo 6 meses.
Sin dinero, ya no podía pagar la pequeña habitación donde vivía, y tuvo que regresar con sus padres. Su padrastro le ofreció la oportunidad de ayudarle a conseguir otro empleo, pero solo consiguieron una pasantía. Su trabajo fue ser oficinista en una empresa vendedora de electrodomésticos. Esto fue posible debido a algunas conexiones de su padrastro. Meses después obtuvo el trabajo, pero era de poca paga.

Ricardo logró mantener el trabajo, redactar no le era demasiado problema, siempre le gusto escribir, pero su sueño de ser escritor no tenia futuro, pues él no poseía imaginación ni talento, y sus amigos se burlaban de las pequeñas historias que creaba. Todo eso lo hizo desistir, es una persona que se rinde fácil.
Ricardo pasa todo el día sentado en su cubículo, escribiéndose con distintos clientes y logrando una cantidad pequeña de ventas, pero fueron suficientes. Y con el tiempo, la paga subió un poco, ahora podía vivir de forma decente, su vida se estabilizo.
23 de junio del 2011.

Ricardo tiene 34 años, se mira las manos en la fría noche, su cuerpo está sudando, ha tenido una pesadilla. Ha tenido el mismo sueño recurrente, sueño que ha tenido desde hace varios años. En su sueño, él está cayendo en un pozo sin fin, por más que el tiempo pasa, por más que él grita, nunca llega al fondo. Dicen que los sueños tienen significados, pero ¿será verdad? ¿Que refleja su sueño?
Él está muy asustado, ese sueño le agobia demasiado. ¿Por qué?

Ricardo tiene una vida rutinaria, aburrida y vacía. Se pregunta cómo llegó a ese estado.
—Cierto, es mi culpa. —se dice. —Yo tengo la culpa de estar en esta situación, en este ciclo que mantiene sedado.
Ricardo se pone de pie, camina por su pequeño apartamento, el cual está escasamente amueblado, solo hay una nevera de un piso, una mesa, un espejo, una silla y lo único bueno de su hogar: una cómoda cama. No tiene idea de cómo llego esa cama ahí, él no recuerda haberla comprado, no recuerda que alguien se la haya regalado, de hecho, tiene un hueco en su memoria. Sabe que es algo importante, pero simplemente no sabe que es. Aun así, le agrada no recordar pues, también siente que es un recuerdo amargo.
El resto de su memoria está perfectamente, solo ese pequeño recuerdo le falta.

El dinero que ha ganado no ha sido mucho, pero mantiene su vida. A pesar de que al inicio estuvo feliz con su trabajo, rápidamente ese sentimiento desapareció, y fue reemplazado con el odio. Detesta su trabajo, detesta su vida, se detesta él mismo.
Son las 5 de la madrugada, se ducha rápidamente, se viste con su traje y sale de su casa, se dirige a una cafetería a tomar su desayuno.
Luego toca ir al trabajo, y una vez más, pasar muchas horas intentado vender algo.
Cuando tocaron las 8 de la noche en el reloj de su pared y llego la hora de abandonar el lugar, unos compañeros le invitaron a una fiesta. Era la primera vez en años que uno de ellos le hablaba, pues él nunca fue alguien de tener muchos amigos, y menos desde que entro en este ciclo.
Él esta sorprendido pero rechaza la invitación.
—Es una pena. —dijo una señora de contextura gruesa y cabello rizado.
—Lo lamento, para la otra será. —dijo Ricardo.
—No habrá otra, este es el último día de Juan, es por ello que estábamos invitando a todo el mundo. —habló un hombre de barba espesa y cabello negro.

Las personas se retiran y él regresa a casa, se siente cansado, estresado, necesita dormir.
Pero Ricardo no quiere dormir, pues ese sueño le aterra. Está resignado, debe cerrar los ojos para poder levantarse temprano mañana y seguir trabajando en aquel lugar que odia. Logra hacer un trabajo decente pues hablando por el internet con los clientes, no le es tan difícil usar las palabras correctas. 
Ricardo se echa sobre su cama luego de comer una sopa de fideos instantáneos, como siempre lo ha hecho. Respira lentamente y se duerme. Y al día siguiente se ha despertado sudando como siempre. Esta vez ha tenido un miedo mayor, el sueño ha sido más potente, mas vivido. Ricardo se pone de pie, se dirige al baño a tomar su ducha.

Cuando está a punto de salir de casa, observa en un rincón algo que le llama la atención, se acerca y lo recoge, es un lápiz labial, no tiene ni idea de cómo ha llegado a parar aquí, no recuerda a quien le pertenece. Se extraña pues no lo había visto antes, tal vez estuvo en otro lado y lo pateo sin darse cuenta al salir al trabajo. Tira el lápiz labial bajo la cama, junto con otras cosas que encontró en su habitación y no saben de dónde han salido, entre ellos: un oso de peluche parcialmente quemado, y una revista con vestidos de novia quemada en un 70%; aun se pueden distinguir varios vestidos.

Ricardo llega a su trabajo, y el ciclo se repite. Al siguiente día es lo mismo, desayunar en la cafetería, trabajar hasta las 8, llegar a casa y comer una sopa de fideos instantáneos comprados en una tienda que es atendida por una anciana. Ricardo siempre la observa fijamente, aquella mujer le recuerda a él mismo, ella tampoco tuvo la vida que deseaba.
Finalmente, al terminar de comer, llega la parte más difícil del día: dormir.

Y así pasan varias semanas, hasta que el día que Ricardo esperaba llegó. Se desvió del camino luego del trabajo y se dirijo a una farmacia, local que estaba a punto de cerrar. Él había pasado por aquel lugar varias veces, y deseaba comprar algo en específico, pero no encontró doctor quien aceptara escribir la receta que él pedía. Pero esta podría ser su oportunidad, y con confianza ordenó un bote con pastillas para mantenerse despierto. El viejo farmacéutico acepto, ya no le importaba.
—Toma, te las regalo, llévate todas. —dijo el farmacéutico con voz baja y deprimida, mientras le entregaba un bolsa con 7 botes de pastillas.
—Muchas gracias.
—Si, no importa. Voy a mudarme, no he tenido éxito por aquí.

Ricardo llega a casa, coloca dos pastillas en su lengua y las pasa con agua mineral. Sonríe, ríe, podrá mantenerse despierto, al menos solo por esta noche, al menos por esta noche no dormirá y no tendrá ese mismo sueño. Ricardo desea descansar de aquel sueño que le atormenta, solo un día será suficiente para que logre mantener la cordura.
El tiempo pasa, Ricardo cabecea, decide tomar dos pastillas más, pero no hacen efecto. Ricardo respira agitadamente, se golpea y se moja el rostro, se da de cabezazos contra la pared, patea su mueble, hace lo que sea para mantenerse despierto. Pero no funciona.
— ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡MIERDA!
Ricardo grita, se agarra de los pelos, llora, se golpea la cabeza.
— ¡No quiero volver! ¡NO! Me aterra….me aterra…no quiero…
Ricardo se desmaya.

Al abrir los ojos, se encuentra una vez más cayendo por ese pozo sin fin. Por más que cae, no logra llegar, así siempre ha sido. Pero, por fin ha llegado, ha tocado el fondo.
Se pone de pie, la cabeza le da vueltas, siente que está despierto, respira como lo haría normalmente. Frente a él hay una puerta con un letrero que pone: ¡Bienvenido al país de los sueños!

Él esta aterrado, por alguna razón siente pavor de esa puerta, no entiende porque. Y por más que quiere huir, algo lo fuerza a caminar. Él no quiere, sus piernas se mueven solas.

La puerta es abierta, ha llegado a un lugar lleno de niebla, un lugar frio y oscuro. Ricardo siente el frio en su cuerpo, una vez más, siente que está despierto. Logra divisar un enorme castillo negro, de estilo victoriano, viejo y abandonado. Ricardo camina hacia el castillo a pesar de que no quiere. No entiende que sucede, su vida siempre ha sido igual, incluso sus sueños desde que empezó a recordarlos, fueron iguales, siempre el mismo sueño, pero ahora, es diferente. ¿Le aterra el castillo o el cambio?
Se destruyo la monotonía.

Ricardo pisa el terreno del castillo, siente un enorme frio, la noche oscura lo envuelve en sus sombras sin alma. Algo pasa rápidamente ante sus ojos, algo blanco. No entiende que fue lo que observo, vio pasar una figura blanca por los restos de las ventanas del castillo. Él no quiere adentrarse en ese tenebroso lugar, pero una vez más, algo lo fuerza. Avanza sin entender, él no quiere ir, entonces ¿Por qué? ¿Qué lo fuerza? ¿Sera que en el fondo, en su subconsciente él quiere ir? ¿Pero para qué? ¿Qué busca?
La figura blanca pasa por los rotos pasillos y se deja ver momentáneamente por las ventanas.  Esta vez logro ver que era, era una mujer en vestido de novia. Ella reía y él pareció reconocer esa risa escandalosa, pero rápidamente esa risa se volvió insoportable, reía como una bruja, es una risa aguda que retumba en sus tímpanos.
La mujer tiene cabellos negros que le cubren el rostro, pero en la poca piel de su pecho que logra mostrar el vestido, puede notarse una piel pálida, como la de un cadáver.

Ricardo, en contra de su voluntad ha entrado al castillo. Observa estatuas rotas en el suelo, telas viejas y telarañas en todo el recinto. El castillo se encuentra en muy mal estado. Ricardo sube las escaleras, con cada paso estas rechinan. Mantiene la mirada recta, ignora a los murciélagos que vuelan a sus espaldas, ignora a una rata devorando a otra. Se siente extraño, como si ya hubiera visto esto antes, le es familiar.
Las telarañas le cortan el paso, él las aparta con su mano derecha y de pronto muchas arañas aparecen de la nada en su palma derecha, él las intenta remover mientras suda y tiembla de miedo. Siempre les tuvo fobia a las arañas.

Ha terminado de subir las escaleras, y tiene dos pasillos por los cuales avanzar.  Elige ir por la derecha, y mientras camina, cientos y cientos de ratas monstruosas vienen a toda velocidad hacia su dirección. Ricardo sintió un miedo tremendo y corrió como nunca en dirección al pasillo izquierdo, logra doblar y las ratas desparecen.
Ricardo respira aliviado, piensa un poco, no sabe porque pero sabía que aquellas ratas desaparecerían si lograba doblar el pasillo. Decide olvidarlo y camina un poco más, sube la mirada y nota que hay varios agujeros en el techo, pero esto no lo sorprende, es como si ya lo supiera. Ricardo observa en las paredes muchas pinturas carcomidas por el moho y llenos de polvo, pero hay una que se encuentra en perfecto estado, es una pintura de una mujer, de largo cabello negro. Ricardo piensa que le es familiar, y que además, se parece un poco a la mujer del vestido de novia. 
Él la observa fijamente, y de uno de los agujero del techo, la mujer del vestido desciende frente a él, Ricardo suelta un alarido de terror y la mujer le salta encima. En el forcejeo Ricardo logra arrancarle un pedazo de cabello y además logra ver completamente el rostro de la mujer.

Su rostro es pálido, no tiene ojos, solo dos cuencas vacías, negras y sangrantes. La novia ríe y muestra unos dientes podridos, una sonrisa tétrica que hiele la sangre de Ricardo, quien logra apartarla de un golpe, para luego huir.
Habiéndose alejado un buen tramo, Ricardo se da cuenta de que no es perseguido, y aprovecha para vomitar, sentarse y descansar. Respira presurosamente, su rostro esta pálido del susto, su cuerpo tiembla.
—Siento todo…tan real. ¿Qué está pasando?
Se pregunta Ricardo mientras un ruido le llama la atención. Es el llanto de un bebe. Sin poder evitarlo, Ricardo se dirige al lugar de donde proviene el vagido. Llega a una habitación, abre la puerta, esta todo oscuro, no se puede ver nada. Un relámpago cae e ilumina por un segundo la habitación y en ese segundo se logro observar un bebe en una cuna. Otro relámpago cae, uno más, uno detrás de otro, y alumbran el gatear del bebe.
Ricardo esta asqueado, el bebe gatea con una sonrisa, su cuerpo esta bañado en sangre, sus tripas salen de su estomago, es un bebe muerto.
Ricardo intenta moverse pero no puede, sus pupilas están dilatadas, está empapado en sudor. La novia aparece de la nada, carga al bebe en brazos, empuña un cuchillo y sin soltar al niño, corre hacia Ricardo, a quien sus piernas finalmente le respondieron. Él huye a toda velocidad pero la novia le hace un corte en el brazo.
El grito del hombre se escucha fuerte y claro, sigue corriendo, se tropieza, gira la cabeza y la novia salta encima de él y…La alarma ha sonado. Ricardo se ha despertado, sudando, siente dolor, se mira el brazo derecho, tiene un corte, está sangrando.

Al día siguiente, una vez más el ciclo se repite. Y al llegar a casa, Ricardo más que nunca tiene el miedo de dormir. La herida no ha desaparecido y siente dolor. No quiere ser lastimado, siente que si muere en su sueño, morirá en la realidad. Lo intenta todo para no dormir, pero sus ojos le pesan…toma pastilla tras pastilla, pero no funcionan. El cuerpo de Ricardo cae al suelo, ha vomitado las pastillas, ha tragado muchas de ellas, se ha terminado todo el bote. Los dados han sido tirados, es hora de dormir.

La misma puerta, el mismo cartel: ¡Bienvenido al país de los sueños!
El mismo castillo, la misma mujer de blanco, pero ahora ella se encuentra en perfecto estado. Posee unos ojos marrones claros y una sonrisa tenue.
— ¿Quién eres tú? —pregunta Ricardo, ya sin miedo.
— ¿Aun no me recuerdas? —preguntó extrañada. —No quieres recordar, ¿verdad?
—Siento que te conozco pero, no lo sé, hay un hueco en mi memoria. Todo este lugar también me es familiar, y de alguna forma, sabía lo que encontraría, como si yo hubiera estado aquí antes, o como si yo…lo hubiera creado. —Ricardo observa sus manos.
— ¿Eres feliz con tú vida? —Su voz resonó en el castillo.
—No. Detesto mi vida. Todo es mi culpa, nunca fui bueno, soy un desastre de persona. Yo…no quiero seguir así. —Ricardo llora.
—Entonces, escapa de ese mundo tan cruel. ¡Quédate aquí, en el país de los sueños!
—Si…me quedare aquí. No quiero afrontar la realidad.

FIN

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