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viernes, 19 de agosto de 2016

Relato: Arbol de Higo




Todo paso hace dos días, cuando cumplí siete años. Estaba jugando con prima y una prima de ella en mi jardín. Mi jardín esta atrás de mi casa, y en frente de mi jardín hay un cerro que separa el jardín de otras casas. Eran las seis y el cielo estaba nublado. Corríamos de lado a lado y el que era atrapado por el encantador, ósea yo, quedaba paralizada hasta que alguien lo desencantara.

Mientras perseguía a mi prima, me pareció ver algo correr a gran velocidad. En primera estancia pensé que era un gato pero, no lo era. Mis padres y en especial mi hermano mayor, siempre me decían que en los arboles de higo habían duendes.

Todos nos quedamos quietos, lo que teníamos frente a nosotros era, en efecto, un duende. Tenía una nariz larga, su sombrero era verde como su vestimenta, y tenía una flor en un lado. Llevaba en su boca una pipa, una pipa que no despedía humo. El nos vio, sorprendido, se comió uno de los higos del árbol de mi jardín, nos sonrió y despareció corriendo tras el cerro.

Mis padres y mi hermano no me creyeron, pensé que era raro, ellos decían que había duendes. A pesar de que ellos no me creyeron, mi prima y su prima también lo habían visto. Aunque decían que fue nuestra imaginación, yo se que fue real, yo sé que cuando en la noche, me desperté para ir al baño, el estaba sentado encima de mí. Le pregunte su nombre pero no me respondió, en cambio sonrió, fumo su pipa que no despedía humo, y me entrego dos monedas, una de oro y otra de plata, para luego desaparecer.

A pesar de que ellos digan que no pueden verlas, yo se que están en mis manos, mi perro también las puede ver, mis amigos también las pueden ver. Tengo miedo. Temo crecer y darme cuenta de que ya no las puedo ver, tengo miedo de olvidarle del duende.

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