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miércoles, 7 de diciembre de 2016

God of The Elements 23.5




CAPITULO 23.5

LA MUERTE DE VERGIL

Oscuridad. No hay nada más que oscuridad. Es un castillo, un castillo negro, y no puede ser divisado por gente de afuera, solo los hombres y mujeres con pura oscuridad y sombras pueden adentrarse en el. Pero. Un joven ha entrado a pesar de que no posee ese elemento, y lo ha logrado porque ha sido invitado, invitado a unirse al grupo.

Dentro del castillo hay muchas estatuas grotescas. En un cuarto hay un hombre violando una mujer, pero, aquella joven de cabello largo y dorado, ya no está viva, ha muerto y su cuerpo se está enfriando, pero aquel hombre sigue penetrándola con vehemencia.

En otro cuarto, hay una mujer de cabello negro alimentado a sus mascotas con carne humana. Colgando de sus manos hay muchos niños y niñas, todos muy jóvenes, sus cuerpos han sido mutilados, pedazo tras pedazos son cortados para alimentar a las bestias que aquella mujer de mirada vacía tiene como mascotas. Los niños lloran pues aunque están siendo torturados y desean con todo que su sufrimiento acabe para poder morir, aquel deseo no será cumplido, aquella mujer quiere verlos sufrir hasta el final.

Un joven con un rostro tierno se mira al espejo, aun se odia, odia su apariencia.

La única persona que ha logrado entrar al castillo a pesar de no poseer el elemento sombra, camina con una expresión perdida en su bello rostro, un rostro fino, a pesar de su edad se sigue viendo como un niño. Aquel joven está acompañado de otro, este tiene el cabello de color marrón claro, y lleva una capucha negra.

—Mitt. —Ha dicho el joven andrógino.
— ¿Qué pasa, Vergil? —Responde el de la capucha.
—Tienes razón.
— ¿Ah? —Pregunta sorprendido y confundido.
—Creo que si la amo.

Vergil entra a su habitación y se mira en su espejo. Recuerda como asesino a sus padres y la satisfacción que sentía al eliminarlos, ya que con eso, destruía los sentimientos que él considera inútiles e innecesarios.

—No lo mate porque quería ver si lograr ser como Dante y yo. La he vuelto a ver justo ayer y me di cuenta de que no, de que efectivamente tenía razón en mi presentimiento, ella no es capaz de ser como Dante y yo, es innecesaria en mi mundo. Aun así, a pesar de saber que ella no pertenece al mundo que quiero no pude, no pude matarla. ¿Por qué? Ya he asesinado aquellos sentimientos que hacen débiles a las personas, pero no, no puede matarla e incluso, sentí tristeza al verla llorar. ¿Por qué? Esto no puede ser así, si no término de destruir los sentimientos que me aquejan no podre lograr mi objetivo.

Vergil sale de su habitación, se siente molesto pues se considera débil, los sentimientos hacen débiles a las personas, el no las quiere, quiere ser fuerte. El más poderoso.

Vergil camina por el oscuro y frio castillo, al avanzar por los pasillos escucha los gritos de las personas que sus compañeros torturan para su diversión. Aquellos gritos son música para sus oídos. Abre una puerta, una puerta grande y gruesa, dentro de la habitación hay una oscuridad completa, no se ve nada. Una voz, una voz que ningún humano, alíen o Dios podría emitir. Es indescriptible, es fría en demasiada, al oírla cualquiera ser perdería la cordura pero Vergil no, ninguno de los que viven en el castillo sucumben ante tal voz, la voz del ser que los recluto. La voz del líder de las Shadow Colossus.

—Vergil. —Dice la voz. —Te noto afligido.
—He descubierto lo débil que soy. Me siento débil, me siento extraño.
—Entonces… ¿A qué viene esa sonrisa de oreja a oreja?
—Ahh…Se la forma de volver a sentirme bien. Tomara tiempo pero, lo lograre.

11 MESES DESPUES

Mientras Dante despierta para encontrar que Kabushi le ha robado la comida, Vergil camina sonriente por los pasillos del castillo. Le ha tomado mucho tiempo, más de lo esperado pero por fin lo ha aprendido, ha aprendido el “Zen”. Lo que las muchas generaciones del Dojo Vacio Blanco no han podido lograr, el lo ha hecho en 11 meses. La habilidad aprendida no es igual a la habilidad con la que se nace, no tiene la misma capacidad, pero no importa, Vergil no deseaba la habilidad para conversar con sus elementos o el poder para invocarlos, el solo quería, quería entrar dentro de sí.

Una habitación blanca. Vergil camina a paso lento, una persona está frente a él, un niño. Un niño con el cabello azulado y ojos celestes. Este niño de unos 5 años se pone de pie tras haber estado sentado por más de una década.

—Así que has venido, Vergil. —Dice el niño.
—Sí. Me costo, pero por fin lo he logrado, Vergil. —Responde el joven.
— ¿Has venido a disculparte? —Pregunta ilusionado.
— ¿Por qué? TÚ eres el que debería disculparse. Disculparse por hacerme débil.
— ¡No! Yo no te hago débil, TÚ te haces débil. Ser como eres es, es ser débil.
—Los sentimientos son debilidad. ¡ACASO NO LO ENTIENDES!
— ¡TU NO ENTIENDES! —Grita el niño entre lágrimas— Pelear para proteger es mejor que pelear por egoísmo. Salvar a las personas que amas te da una gran satisfacción, pelear por ver las sonrisas de la gente. ¡Eso es fuerza!
— ¡NO! Solo, solo el fuerte sobrevive. Pelear por amor no te dará la victoria.
—Estas equivocado. El amor nos hace más fuertes. La soledad nos debilita.
— ¿Por qué eres un niño?
— ¿Qué? —Pregunta confuso.
—Pregunte. ¿Por qué eres un niño? Eres mi otro yo, pero eres un niño. Tengo 17 años ¿Por qué eres un niño? Te diré porque, porque tú forma de pensar es infantil. TÚ no eres necesario para mi mundo. Eres basura.
— ¡Vergil Idiota! ¡Idiota Vergil! —Grito el niño antes de que su garganta fuera cortada por las manos cubiertas en trueno de Vergil Juzze. ¡Vergil ha muerto!

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