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miércoles, 18 de enero de 2017

Piloto de posible novela ligera.


Aun no tiene nombre.





PILOT-CHAPTER 1

INHA AND LESYA

MUNICIPALIDAD/CIUDAD VENLO—NETHERLANDS

DISTRITO/CIUDAD TEGELEN—VENLOSEWEG 64

JUEVES—9:12 AM —MARZO 23. —AÑO 2020.

Es una soleada mañana en la ciudad Venlo de la provincia de Limburgo. Una joven de cabello largo, lacio y rubio. De ojos verdes claros. Despierta en su cama de dos pisos, ella duerme en la parte de arriba. La cama esta vestida con sabanas blancas, de seda y su frazada es ploma con rayas negras. La habitación esta algo desordenada, hay muchas blusas sobre una silla que se encuentra frente a una computadora. Hay muchos envoltorios de galletas de chocolate dispersadas sobre el suelo.
Se ha quedado dormida, ha perdido 12 minutos, baja de un salto y se acaricia la cabeza, ha estado estudiando toda la noche. Se dirige hacia la nevera, busca un cartón de juego de durazno de 2 litros, entre los muchos cartones que tiene de la misma bebida. El líquido se encuentra por la mitad y ella termina de bebérselo de golpe, y al terminarlo hace el típico sonido de satisfacción.
Su casa es de diseño minimalista en cuanto a la arquitectura, y el interior da una mayor sensación de que muchos objetos han sido removidos de sus lugares. La casa está pintada de color blanco por dentro y por fuera. Es de dos pisos.

La joven toma una ducha rápida, de unos 20 minutos, y al terminar se echa crema en toda su piel, y pasa a vestirse rápidamente. Se viste con unos pantalones jeans negros, con una camisa blanca dejando su cuello abierto, y encima de la camisa se pone una chaqueta negra, y en su cuello se coloca una cadena que lleva como adorno una moneda, un denario con la imagen de una mujer de perfil.
La joven coloca sus cuadernos y libros en su bolso de cuero, además de una pistola 9mm (una Beretta 92). Abandona la casa, respira el aire fresco, observa los arboles que rodean su casa y finalmente se dirige hacia la universidad, la cual queda relativamente cerca. El nombre de la joven es Inha Kozak. Tiene 21 años y es de padres ucranianos pero nació en este país.

Fontys University of Applied Sciences Venlo.

Un taxi se estaciona frente al campus e Inha baja presurosamente, para luego correr a gran velocidad hacia su clase de primera ahora, que ya lleva 13 minutos de retraso. El campus es hermoso, está lleno de flores y arboles, el pasto es corto y suave, y existen un par de lagos y fuentes donde los estudiantes suelen pasar el rato. Hay muchas tiendas de comida, y en el estacionamiento hay muchos autos estacionados e incluso bicicletas.
Las puertas de su salón de clase ya están cerradas, ella se queda afuera, la profesora no le dejara pasar hasta que termine su clase. Inha se sienta en el suelo, contra la pared y aprovecha para estudiar un poco más.
Cuando termine la clase actual de lengua, se viene un fuerte examen de historia. Inha lee rápidamente, le quedan alrededor de 30 páginas en su libro.

Finalmente todas sus clases del primer turno han terminado, Inha se sienta frente a una fuente, espera haber aprobado el examen. Sus amigas llegan a buscarla, son dos: una de ellas tiene el cabello castaño y ojos negros, y la otra es rubia y de ojos grises. Ellas recién han terminado el último examen, ha sido uno difícil. La joven de cabello castaño responde al nombre de Femke y la rubia responde al nombre de Myrthe. Ambas chicas se sientan a los lados de Inha después de haberse saludado chocando las palmas de las manos.

— ¡Rayos, Inha! —Exclama Femke. —Si no fueras inteligente ya te habrían expulsado por llegar tarde todos los días. ¿Por qué siempre te quedas dormida?, ¿qué haces?
—Nada importante, no te preocupes. —dijo riendo con los ojos cerrados.
— ¿Cómo puedes hablar así? Nuestra educación es importante. —regaña Femke.
—Lo sé, lo sé. Intentare llegar más temprano. —dijo haciendo muecas y moviendo las manos dándole un aire tierno y cómico. —Y bueno ¿Qué me cuentan?
—Tenemos dos nuevos compañeros de cuarto. —responde Femke.
—Genial, ahora el ambiente será más animado. —afirma Inha levantando el pulgar.
—Bueno si, uno de ellos proviene de china y la comida que prepara sabe asombroso. —empieza Myrthe. —La otra viene de argentina por lo que bebemos algo llamado “mate”.
—Eso es bueno para ustedes. —dice Inha entre risas. —Ustedes apestan cocinando.
—Pues tú no eres la gran chef, Inha. —replico Femke empujándola ligeramente.
—Pero me defiendo. —dijo con una gran sonrisa.
— ¿Por qué no aceptas compañeros, Inha? —preguntó Myrthe, mirándola fijamente.
—Eso no es importante, solo quiero estar sola. —dijo sonriendo de lado a lado.
—Has estado sola desde entonces. —dijo Myrthe con una voz suave. —Ni siquiera nosotras que somos tus amigas pasamos mucho tiempo contigo.
—Ya sabían en lo que se metían cuando desearon ser mis amigas. —dijo sonriendo e inclinando ligeramente la cabeza al lado izquierdo, mirando a Myrthe.

Un grupo de tres jóvenes hombres se acercan a ellas -son del mismo salón de clase-, dos de ellos se sientan al lado de Myrthe y Femke, y el último se sienta frente a Inha, ella lo observa con una mueca que parece decir “¿enserio?”, de una forma burlesca. Inha coloca sus palmas en su barbilla y sonríe sin mostrar los dientes, con los ojos cerrados, mientras el viento balancea su cabello.

—Hola, Inha. —dice el joven de cabello negro y ojos del mismo color.
— ¿Qué tal, Jenkin? —saluda con un tono de voz alegre.
—Pues espero que esta vez aceptes mi invitación. ¿Entonces? —preguntó esperanzado.
—Hummm….Nah. —contestó de una forma extremadamente infantil. Jenkin sonríe.
—Vamos Inha, no seas así. Solo una vez, y si no te gusta lo entenderé.
—Jenkin, Jenkin, Jenkin. ¿Te crees a la altura de esta diosa? —manifestó la pregunta con un tono de voz burlón con aires de superioridad. Un rostro con una sonrisa arrogante, enarcando la ceja izquierda. Y levantando ligeramente ambas manos abiertas.
— ¡Como adoro esa actitud!
—Ohhh. ¿Y qué más te gusta de mi, Jenkin? Y por favor no me digas esa tontería de “Me gustan tus ojos”, porque todos sabemos que eso es pura mierda.
—Pues si tiene hermosos ojos. —replico sonriendo.
— ¿Qué te gusta de mi, Jenkin? —preguntó con una voz más seria, presionándolo.
—Todo. Tú forma de hablar, lo inteligente que eres, tu comportamiento y en especial lo expresivo que es tu rostro. —respondió con la mayor sinceridad posible.
—Humm, ya veo. Bueno, el descanso ha terminado, Jenkin. Adiós.

Las clases del segundo turno han comenzado, Inha tiene clase de literatura, y no salió de la universidad hasta las 6 de la tarde, pues se quedo un tiempo más estudiando en la amplia biblioteca. El cielo se ha oscurecido pero aun hay un poco de luz. Inha camina con tranquilidad y llega a su hogar a las 6:20 PM, se quita la chaqueta y la tira sobre su cama, se sienta sobre la misma, y un portal se abre frente a ella. Una risa chillona resuena en la habitación, una persona emerge del portal.
Es una anciana de larga y verrugosa nariz, su rostro está lleno de arrugas, su cuerpo es de contextura ancha, además posee una gran joroba. La anciana viste una túnica de tela paño totalmente negro que le cubre desde sus pies hasta un poco de su largo cabello blanco. La anciana camina por la habitación con ayuda de un bastón.

—Buenas noches, señorita. —saluda la anciana con su voz chillona.
—Buenas noches, bruja. —saluda Inha, con las manos tras su nuca.
La anciana le echa una mirada penetrante.
— ¡Ahhh! —suspira Inha, algo irritada por el regaño. —Buenas noches, ¡Elda! —habló con negativa condescendencia, enfatizando su aquejo en el nombre de su receptora.
La anciana suelta una risa aguda. —Esa actitud tuya nunca va a cambiar.
— ¿Por qué habría de cambiar mi perfección? —dijo con una sonrisa arrogante, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha y levantado ambas manos.
—Eres una niña muy vanidosa. —precisó la bruja, riendo.
—Entonces ¿Qué tienes para mí? —preguntó con una sonrisa llena de emoción.
—Necesito una pieza, un cristal azul. Actualmente se encuentra en posesión de un hombre, aquel hombre ha llegado a esta ciudad hace cinco semanas, es el dueño de una discoteca que ha abierto el mismo día de su llegada. La discoteca no se encuentra muy lejos aquí. Dirígete a Hulsterweg 82. Te tomara un par de horas llegar.
—Entiendo, será fácil pero, ¿Por qué no puedes ir tú misma? —preguntó intrigada.
—Lo intente pero…solo anda. Estoy segura de que se te hará fácil por lo bella que eres.
—Pues sí, soy hermosa. —dijo para luego reír junto con la anciana. —Y entonces ¿Qué hace él por aquí, o es solo una coincidencia?
—Él viene en busca del cristal rojo que yo poseo, pero él no sabe donde se encuentra exactamente, al igual que todos, solo sabe que se encuentra aquí, en Venlo.
— ¿Cuántos de esos cristales hay y porque las necesitas todos?
—Eso es un secreto niña curiosa. —replico con una gran sonrisa mostrando sus dientes amarillos, para luego echarse a reír.
—Bueno, yo solo debo hacer mi trabajo. Te traeré ese cristal, vieja. —dijo confiada.

DISCOTECA

11 PM

Inha entro fácilmente. Lleva puesto un vestido morado oscuro escotado que resalta su figura, sobre su brazo lleva su bolso de cuero, y en su cuello lleva su collar. Su cabello rubio esta peinado con una semitrenza de raíz en la parte delantera de su cabeza y el resto de su cabello se encuentra suelto. La música está muy alta y no es del agrado de sus oídos, pero debe tolerarlo para poder terminar su misión. Inha fácilmente logra divisar al sujeto, y se dirige hacia él evitando a la multitud con habilidad, pero es detenida cerca de la barra de bebidas por Jenkin, quien está feliz de verla.
—Hola, Inha, que sorpresa verte aquí.
—Pues, estoy probando cosas nuevas.
—Genial…ah… ¿Quieres bailar? —preguntó extendiendo la mano derecha.
—Ah, no, lo siento. Vengo a ver a alguien.
— ¿Y él si esta a tu altura? —Jenkin suelta una risa.
—Pues…eso parece. —dijo con una sonrisa. — Nos vemos luego, Jenkin.

Inha se aleja rápidamente y se pierde en la multitud. Un amigo de Jenkin se acerca a él, le da una palmada en la espalda y le dice que algún día lo lograra. Inha está a unos diez metros del sujeto, quien se encuentra sentado en un sillón negro rodeado de muchas mujeres y con varios guardaespaldas a sus espaldas. Detrás de ellos hay una puerta de acero con un candado de aspecto extraño, parece un diamante.
Inha confía en su belleza, camina de forma provocativa cerca del lugar de su objetivo, el hombre la observa y la llama con un silbido y moviendo su mano derecha.
El hombre tiene el cabello rubio y corto, sus ojos son azules. Viste con un traje negro, su camisa blanca tiene el cuello abierto, y en su dedo índice tiene un anillo con un rubí como adorno.

—Disculpa, belleza, ¿Puedes venir? —Llamó con voz alegre.
— ¿Yo? —dijo fingiendo estar sorprendida.
—Si, ven aquí, eres preciosa, muy hermosa. ¿Cómo te llamas?
—Marissa, mi nombre es Marissa. —respondió jugando con su cabello.
—Ya veo, Marissa. Mi nombre es Damián, siéntate conmigo.
—Muchas gracias. —Inha se sienta y cruza las piernas.
— ¡Oh, ese es un extraño collar, una moneda!
—Si, es un regalo de mis padres, le tengo mucho cariño por ello. —dijo tocando la moneda y hablando con una voz con cierto tono de melancolía. Inha se sentía algo perdida, decidió dejar de pensar en la moneda. — ¿Y tu anillo? —le pregunta sonriente.
—Oh! Los encontré en un viaje, es muy caro, pero no tiene el valor de tu moneda.

Conversaron por unos minutos, hasta que finalmente el hombre tomo la decisión de llevarla consigo. Damián la lleva hacia la puerta, el candado se abre cuando el rubí fue acercado. Entran juntos, todo está oscuro, bajan unas escaleras pobremente alumbradas por luces en los lados laterales de las escaleras, bajan hasta llegar a otra puerta metálica, esta se abre de la misma forma que la anterior.
La nueva habitación tiene un extraño humo blanco en el ambiente, la habitación está llena de hombres sentados en sillones de cuero muy cómodos con algunas mujeres sentadas a sus lados y otras bailando sobre ellos.
Todos los hombres visten con traje y corbata, claramente son clientes importantes. La habitación es amplia, oscura, en el techo hay esferas de luz de distintos colores que alumbran ligeramente el lugar. La música suena en la habitación, pero no está muy alta. En medio de la habitación, sobre una especie de altar y dentro de un frasco trasparente, se encuentra brillando el cristal.

— ¿Qué te parece? —preguntó Damián con tono alegre, abriendo los brazos.
—Es un lugar extraño. Entonces… ¿Yo debería estar igual de “drogada” que ellas?
— ¿Qué? —preguntó para luego soltar una risa nerviosa.
—Digo, este humo las tiene drogadas, ¿verdad?, ¿Yo debería estar igual?
—No logro entenderte, Marissa. Estas imaginando cosas.
—Humm ¿enserio? —Coloca sus dedos índice y pulgar en su barbilla.
— ¿Quien…? no, ¿Qué eres? —preguntó con una mirada seria.
— ¿Cómo? —pregunto con falsa extrañez.
—Una humana no podría soportar este humo, pero la alarma de esta puerta no sonó cuando cruzaste por ella, y lograste pasar las barreras mágicas, por lo tanto tampoco eres un ser sobrenatural. No logro entenderlo. ¿Qué eres? —pregunto serio, pero algo asustado. Aprieta sus puños.
—Ah! eso. Soy una humana, es por ello que tu alarma no sonó, pero puedo soportar este humo porque…bueno…Estoy poseída. —dijo esto último con una gran sonrisa.
— ¿Poseída? —pregunto asustado, titubeando.
—Si, poseída. ¿Quieres ver? —pregunto con unos ojos asesinos.

La moneda comienza a balancearse como si hubiera un fuerte viento, sombras negras empiezan a emerger desde la moneda, las sombras cubren totalmente a Inha ante la mirada atónita de Damián. Y finalmente se disipa, dejando ver a una mujer de largo cabello negro, un negro tan oscuro como la noche, con el iris y la pupila del mismo color y tono, es una mirada fría y vacía.
Su rostro es pálido e inexpresivo, sus labios tienen puesto labial negro, sus pestañas están delineadas, tiene puesto maquillaje negro en sus parpados. Lleva puesto un vestido de tirantes de color negro, sobre el vestido lleva puesto un abrigo del mismo color, el cual se encuentra abierto. Y sus piernas son vestidas con pantalones negros de cuero y en sus pies lleva puesto unas zapatillas del mismo color.
—Buenas noches. —dijo la mujer de negro, con una voz fría y sin mostrar expresión.
—Es cierto, de verdad estabas poseída pero, no tiene sentido. No deberías ser capaz de controlar a voluntad al demonio o ser que te ha poseído.
—Entonces supongo que soy especial.
—Luces como una muñeca gótica, totalmente diferente a como eras antes. ¿Quién eres?
—Mi nombre es Lesya, y vengo por ese cristal. —La voz sonó fría una vez más. Lesya mete la mano dentro del bolso y saca la pistola, esta es cubierta por las sombras, la pistola es ahora totalmente negra y posee dos cañones laterales.

— ¿Por qué debería hacerlo? —Su voz sonaba confiada.
—No tienes guardaespaldas aquí dentro, lo puedo sentir, todo ellos se encuentran dentro de la discoteca y fuera de ella. Estas solo, todos aquí son humanos. Ahora, dámela.
—Claro. —Soltó una risa nerviosa y levanto las manos.

Lesya camina hacia el cristal, está cerca de tocarlo y se oyen cuatro disparos, ella los evita moviéndose rápidamente hacia la derecha, las balas impactan en la pared y por suerte para Damián no logran herir a ninguno de los hombres de traje, quienes están asustados por los tiros. Lesya tiene entre sus dedos el cristal, lo coloca dentro del bolso.

—Suerte que aquellas balas no me impactaron, me hubieran quemado la piel, después de todo soy alérgica a las balas benditas.
— ¿Cómo pudiste evadir las balas? —pregunta Damián, sudando, temblando.
—Oh! Olvide mencionarlo. —Lesya se gira, mueve su cabello y muestra un ojo rojo en su cuello. El ojo se mueve, es un ojo tenebroso, parece que observara fijamente tu alma.
—No será tan fácil llevarte eso de aquí. —sentencio para luego tragar saliva.
—Tus guardaespaldas no han podido oír las balas por la alta música de la discoteca, yo saldré de aquí tranquilamente. —dijo con la misma voz fría, y su rostro inexpresivo.

Lesya avanza rápidamente y pasa al lado de Damián y se detiene frente a la puerta, se vuelve, crea sombras en sus manos y estas se dirigen hacia todos los presentes y amarran pies y manos. Las sombras la cubren una vez más para luego disiparse y mostrar a Inha, quien no deja de apuntar a Damián, además de mostrarle que le ha robado el celular y el anillo.
— ¡Ah! —exclama mientras balancea su cabello. —Eso os mantendrá ocupados. Ciao.
Inha se despide mostrándole una gran sonrisa, cruza la puerta sin problemas y esta se cierra. Inha sube corriendo las escaleras, abre la segunda puerta y es detenida por los dos guardaespaldas que la resguardaban. Ambos son hombres grandes y musculosos.
— ¿A dónde va, señorita? —dijo el de la derecha, serio e intimidante.

Inha sonríe, y usando la pistola golpea al guardaespaldas de la derecha en la cabeza buscando noquearlo, pero no logra su cometido, mas si logro desorientarlo por un segundo, y en ese segundo, Inha ataca con una patada derecha alta al guardaespaldas de la izquierda, pero apenas y logra lastimarlo.
— ¡Vaya! —Ríe Inha en tono nervioso. —Supongo que eso no te dolió.

Las sombras vuelven a emerger, Lesya derriba fácilmente ambos guardaespaldas. Nadie observo el suceso, la noche está en su punto, la gente no para de bailar. Damián pide calma a sus clientes, ellos están desesperados, el cristal ha sido robado, y no pueden pedir ayuda.
Hay poca gente fuera de la discoteca, son los que aun buscan entrar. Y hay alrededor de 7 guardias. Inha abandona la discoteca con tranquilidad, logra alejarse varios metros y doblar la esquina, camina cerca de la vereda. Jenkin -quien estaba buscándola -, la observó salir y la siguió. Jenkin le toca el hombro.
— ¿Te vas tan pronto? Son apenas las 12.
—Pues, mañana hay clase temprano.
—Mañana nos toca en la tarde.
—Bueno, de todas formas debo estudiar.
—Eres toda una nerd. —dijo entre risas.
—Sí. —responde Inha sonriendo. Pero su sonrisa se borra rápidamente, y acto seguido empujó con ambas manos a Jenkin contra la pared. Inha siente mucho dolor, pero aprieta los dientes y ahoga el grito, sus dos brazos han sido cortados.

Jenkin está muy asustado, no entiende que sucede, intenta acercarse a Inha, pero ella le grita con fuerza que se aleje, que es peligroso. Una silueta de un hombre alto, delgado. Aquel hombre empuña una espada, una Gladius.
Jenkin suda y respira agitadamente.
— ¿Qué mierda pasa? —preguntó en voz alta.
—Jenkin…, —dijo Inha entre dientes. —Lo repetiré solo una vez más. ¡LARGATE! —exclama irritada en un potente grito. Su rostro es amenazador.
—Pero...
—Yo me encargo, solo vete. —Esto lo dijo mirándolo fijamente, con voz baja.
Jenkin entendió lo que esos ojos trasmitían, y huyo rápidamente del lugar.

El hombre de la espada sale a luz. Tiene ojeras, su rostro es delgado y se le ve algo demacrado, posee una barba descuidada, tiene el cabello corto. Viste con una camiseta blanca, encima de ella tiene puesto una gabardina ploma, abierta; y sus pantalones son negros. Inha respira presurosamente, la moneda se balancea y Lesya hace acto de presencia. Sus brazos también están cortados.
—Regenerar brazos. —dijo con la voz fría y el rostro inmutable.
— ¿Segura? —pregunto una voz que solo ella puede escuchar, una voz de tono burlón, como la de un payaso.
—Claro que sí, idiota. Necesito mis manos. —A pesar de la situación, ella sonó igual de fría y distante como siempre.

Los brazos cortados levitan y regresan al cuerpo de origen, Lesya se ha regenerado, saca la pistola del bolso y esta se transforma tal y como lo hico antes.
— ¿Qué eres? ¿Qué tipo de demonio eres?—pregunta el hombre, serio.
—Mi nombre es Lesya, soy un resultado de imagen ¿Y tú?
— ¿Qué? —pregunta extrañado, pero decide olvidarlo, no es importante. — Mi nombre es Alister, soy un demonio, el encargado de proteger este lugar.
— ¿Dónde te encontrabas? ¿Por qué no acompañabas a Damián?
—He estado en el techo, se me ordeno esperar ahí, observar a cualquier sospechoso.
—Ya veo ¿Y cómo lo supiste?, ¿cómo supiste que yo la tenia?
—Puedo ver a través de casi todo. Puedo ver el cristal reluciendo en tu bolso.
—Ya veo. Entiendo.
—No esperaba batallar contra una demonio. Peleare contra a ti como un caballero.
— ¿Caballero?
—Fui un soldado en el imperio romano, pero mi muerte no fue en batalla. —dijo en voz baja. Su rostro muestra tristeza y melancólica.
—Un alma en pena.

Los demás guardias corren hacia Lesya, pero Alister levanta la espada y ellos entienden que deben alejarse, que él se encargara. Lesya lo observa fría, por dentro Inha sonríe emocionada. Alister se pone en guardia, se mueve. El acero cae con fuerza, Lesya se desplaza hacia atrás de un salto y dispara al mismo tiempo, pero las dos balas son cortadas a la mitad por la espada. Lesya corre rápidamente alejándose cada vez más de la discoteca, no quiere que nadie los vea, y corre hasta entrar a un negro callejón.
La espada sigue buscando cortar la carne de Lesya, pero ella es veloz, aun más veloz que su rival. Alister blande la espada, su objetivo evade con elegancia cada uno de sus ataques, moviéndose de lado a lado, y contraataca asestándole cuatro balas al pecho.
Lesya aun tiene mucho camino para retroceder, la pared final aun está lejos.

— ¿Cuánta munición tiene esa arma tuya? —pregunta Alister con su voz seria. Las balas no le han afectado demasiado, su cuerpo es muy resistente.
—Me quedan 9 balas, pero no parece que vayan a matarte. —dijo Lesya, fría. Por dentro Inha se muere de la risa.
—Entonces… ¿Qué harás? —pregunto con una voz amenazante.
—Ya encontrare la forma. ¿Quién te puso “Alister”?
—Fue Damián. Me lo dio cuando me “adopto”.
—Alister, escucha. Voy a asesinarte.

La pistola se cubre en sombras y cambia de forma una vez más, el arma ha crecido en tamaño, ya no tiene dos cañones, ahora es uno solo, uno grande. Alister se mueve a toda velocidad, blande la espada pero Lesya lo evade, ahora está muy cerca de la pared lateral derecha, la espada cambia de dirección y logra apuñalar el pecho de Lesya y la punta de la espada se clava contra la pared. Lesya escupe sangre, agarra con su mano izquierda la espada de Alister, no dejara que se aleje, y coloca la pistola en la sien de su rival, Alister sonríe resignado a su muerte, el gatillo es apretado y la bala especial, resultado de la fusión de todas las balas en el cargador, logra traspasar la dura piel de Alister, y destroza su cerebro.

—Mierda, estoy muy herida. Curar corazón y cerrar herida.
— ¿Seguuuraaa? —volvió a decir aquella voz de payaso.
—No me hagas repetirlo.

La herida se cierra y el corazón se ha recuperado. Lesya llega de un salto a lo alto de una casa y comienza avanzar rápidamente saltando de tejado en tejado, hasta llegar a una tienda de antigüedades, la cual se encuentra en el centro de la ciudad. Inha entra a la tienda, una mujer hermosa de unos 30 años la atiende. Esta mujer la invita a entrar por una segunda puerta, y la habitación a donde entran es un lugar viejo, lleno de telarañas, con un fuerte olor a azufre. Hay muchas estanterías llenas de pociones, envases con cabellos, frascos con ojos y fetos. La hermosa mujer se transforma en la anciana bruja.
—Así que esa es la razón por la que tú no podías ir.
—Tú eres la única capaz de pasar sus barreras y no activar la alarma.
—Ya veo, parece que soy aun más genial de lo que ya era.
La anciana sonríe. Inha le entrega el cristal.
—Gracias por el cristal, niña. Muchas gracias. —decía mientras admirada el cristal, la luz que emite, los ojos de la anciana se habían dilatado.
— ¿Y Mi paga?
—Claro. Aquí tienes. —dijo mientras le entregaba una bolsa con muchos billetes.
—Esperaba oro o algo, pero está bien. —dijo sonriendo como una niña.
La anciana ríe aguadamente.
—Estamos en otros tiempos, niña. Ahora, adiós. Vete de aquí.
— ¿Qué harás con el cristal?
—Eso no te interesa, ahora, fuera, fuera. —dice la anciana, como si estuviera espantando a un gato o a un perro. Inha le responde bufando como un gato.

Inha sale de la tienda de antigüedades, recién recuerda a Jenkin, la batalla la cegó. Se pregunta si se encuentra bien. Jenkin logro huir, cuando Inha se lo dijo, corrió rápidamente hacia una parada para pedir un taxi y llego a casa a salvo. Él no dormirá bien esta noche.

DISCOTECA

Damián sale fuera de la discoteca, camina siguiendo un presentimiento, y llega al callejón, encuentra el cadáver de su trabajador, maldice al cielo. Las sombras que lo tenía inmovilizado se han disuelto, pero lo retuvo el tiempo suficiente para que Inha lograra escapar. Cumplieron su propósito.
— ¡Maldita zorra! Esto no se quedara así. Te encontrare. —promete Damián.

Al mismo tiempo, Inha regresa a casa, se dirige a su baño y se mira al espejo.
—He perdido un año más ¿eh? —Su voz sonó decaída.
—Debes tener más cuidado desde ahora. —dijo aquella voz burlesca, de payaso.
—Lo sé, lo sé.
Inha se echa sobre su cama, se siente muy cansada, duerme profundamente.

FIN

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