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domingo, 18 de septiembre de 2016

Cuento: Hotel






HOTEL

12 de la noche. Un hombre se adentra en un hotel humilde, pequeño; solo tiene dos pisos pero es bastante grande de anchura. El hombre lleva en su brazo un bolso negro. Saca su tarjeta de crédito y se la entrega al encargado, para después decirle que solo se quedara tres noches. El encargado le pide que firme en una libreta, y luego procede a entregarle su llave. El hombre da una mirada rápida al estante y se da cuenta de que faltan 12 llaves además de la suya, lo que quiere decir que él es el numero 13. Mal augurio.

Se instala en su habitación, no trae mucho consigo. Saca una toalla de su bolso y entra al baño, se mira en el espejo, se preocupa de lo pálido que se ve, y piensa que debería comer y descansar más. Luego de lavarse el rostro y secarse, se tira en la cama dispuesto a dormir. No hay ruido en el hotel, la gente está descansando, y gracias a ello el podrá dormir bien.

La noche ha pasado sin percances. Son las 5 de la madrugada y el hombre se levanta, se siente cansado a pesar de haber dormido toda la noche. Al dar un paso se da cuenta de que su identificación esta en el suelo, la levanta y se ríe de cómo se ve en la foto. En el plástico laminado se lee el nombre de Alfonso Arias. Edad: 35 años.

Alfonso ha salido de su habitación, camina con calma, piensa dar unas vueltas como siempre hace en las madrugadas. Al bajar las escaleras que llevan a la recepción, contemplo espantado, el cadáver del hombre encargado. Estaba sobre su escritorio con una herida de puñalada en la espalda, con los brazos extendidos sobre la madera y con la mano derecha cercenada. Hay desparramados en el suelo 4 papeles cubiertos en sangre.

Alfonso esta espantado, corre rápidamente hacia el teléfono que se encontraba en la pared al lado derecho del escritorio. Marco velozmente los números de la policía pero la señal estaba caída, solo se oía un constante ruido irritante. No sabía qué hacer, su celular no tenía señal, así que subió rápidamente esperando encontrar a alguien que si la tuviera. Toco la puerta de la primera habitación, pero nadie respondía, era normal que no estuvieran despiertos a las cinco de la madrugada. Un ruido lo distrajo, era el ruido de una persona siendo arrastrada. Estaba asustado pero aun así se dirigió hacia el ruido, repitiendo en su cabeza una y otra vez que era una mala idea.

Al cruzar el pasillo y llegar al lugar donde se originaba el ruido, observa atónito a un hombre sin piel, se veían sus músculos totalmente claros y su cuerpo no dejaba de sangrar. El hombre estaba jalando a otra persona, una mujer, la levanto del cabello mientras ella intentaba gritar pero, no podía ya que su lengua estaba cortada. El hombre la desolló viva con un enorme cuchillo, increíblemente afilado, y lo hizo a una velocidad impresionante, dejando en claro su gran experiencia y habilidad. Alfonso no pudo hacer más que contemplar la escena con un miedo insoportable, sus piernas temblaban y el sudor salía a mares de su frente y axilas, quería irse pero no podía, sus pies estaban clavados, se sentía enfermo pero no podía vomitar, se sentía cansado pero sus ojos estaban bien abiertos.

Cuando la mujer cayó al suelo y el hombre sin piel volteo a verlo, en ese instante pudo correr, y corrió con todas sus fuerza, como si fuera un atleta. Cuando intento bajar las escaleras, se tropezó y cayó de bruces. Al levantarse, observo asustado a un monstro, no era muy grande, apenas si era algo más alto que el, pero era horrible. Sus ojos eran rojos, su cerebro era visible, su cuerpo era similar al de una salamandra y tenía grandes colmillos en su enorme mandíbula, y con ellos devoraba los órganos de un viejo. Alfonso se levanto rápido, se dirigió a la salida, ya nada le importaba, que murieran los demás, el solo quería salir y salvar su vida, pero la puerta estaba cerrada y por más que la jalo con todas sus fuerzas esta no cedió, por más que la golpeo no se hizo una sola grieta.

El monstro termino de comer y dio una mirada que le helo la sangre. Alfonso echo a correr hacia las escaleras, pues en la pared de ese lado había una ventana, pero esa vía de escape tampoco funciono. Sus dientes castañeaban, se había orinado los pantalones y no dejaba de sudar. El monstro comenzó a acercarse a él. Alfonso decidió subir las escaleras y avisar a los demás, tal vez así, estando todos juntos, puedan defenderse.

Toco las puertas, golpeo y grito con todas sus fuerzas, pero nadie abría. Hasta que una persona lo hizo. Un joven de tal vez unos 20 años, se le veía soñoliento pues no acostumbraba levantarse tan temprano. Le pregunto qué pasaba, porque tanto alboroto, y Alfonso pasó a contarle lo que había visto, pero el joven le dijo en tono burlón que dejara las drogas o que le invitara. Alfonso se molesto y agarrándole de la mano, lo condujo hacia el pasillo donde estaba la mujer desollada. El joven vomito del asco, y luego fue agarrado de la garganta por un ser totalmente oscuro. Alfonso no podía hacer nada ante lo que estaba pasando, intento golpear al ser negro pero todos sus golpes pasaban de largo, como si no estuviera ahí. Finalmente el joven murió estrangulado sin poder defenderse.

Alfonso echo a correr una vez más, paso al lado del cuerpo desollado, hacia la ventana que estaba en frente, pero esta tampoco abrió. Cayo de rodillas, se había rendido, se había rendido y aceptado su muerte. Aun así, se levanto al ver una niña que salía de una habitación, llevaba un oso de peluche en su brazo y le pregunto si había visto a su madre, que no estaba en la habitación. Inmediatamente después de la pregunta, el mismo ser oscuro atrapo a la niña, la levanto alto como si pensara cargarla, pero la levanto de las piernas, las cuales comenzó a separar, subiendo la velocidad con los gritos de la niña, hasta partirla en dos.

Alfonso se levanto y corrió rápidamente hacia las escaleras, mientras corría volvió la cabeza un par de veces, y observo al hombre sin piel arrastrar los cuerpos de la mujer desollada y el cadáver del joven.

Los demás inquilinos despertaron de sus letargos, los gritos de la niña fueron agudos y escandalosos. Salieron de sus habitaciones, algunos pasaron por el pasillo de la mujer desollada, pero no la vieron, ya no estaba. Al llegar se quedaron impactados por la escena. La niña estaba en un charco de sangre, con lágrimas en sus ojos y con su oso bajo el brazo, pero su cuerpo estaba intacto. Algunas personas lloraron y otras gritaron ante la horrible escena. Uno de ellos, un señor con bigote saco su celular y llamo (sin problemas) a la policía. Otra de las personas, una joven mujer se separo, pues escucho ruidos constantes, como si algo cayera por una escalera. Al llegar, la joven grito al ver a un hombre de cabello negro arrastrando dos cadáveres, uno desollado y el otro era el cuerpo de un joven.

Cuando el resto llego, atraídos por sus gritos, vieron lo mismo. El hombre jalaba los cuerpos, mientras sudada y lloraba, era un hombre de aspecto demacrado, con sangre en todo su cuerpo. Luego de terminar de arrastrar los cuerpos, el hombre se dio cuenta de la presencia de las personas, se alegro al ver más gente y les grito que tuvieran cuidado, que había monstros por el hotel, que debían encontrar una manera de salir cuanto antes. La gente estaba callada, y callados observaron al hombre asustarse, había girado y retrocedía lentamente mientras apuntaba con su dedo a la nada gritando: “¡Cuidado, es uno de los monstros, nos va a comer!”

— ¿Por qué todos se quedan quietos? —Pregunto confundido. — ¿Acaso no lo ven?

Después de decir eso, el hombre corrió hacia la puerta, la jalaba con todas sus fuerzas, o al menos eso creía, las demás personas solo veían a un hombre jalando una manija invisible.

La policía llego y detuvieron al hombre, al que, después de investigar un poco, supieron que se trataba de Alfonso Arias, un conocido asesino serial oriundo de Colombia. Estando en su celda, Alfonso miraba a todos lados, asustado. Cualquiera sonido le llamaba la atención y se escondía debajo de su cama. En las noches no dejaba de gritar en sueños que los monstros venían por él.

DESPUÉS DE LA TORMENTA

Pasaron dos días antes de que Alfonso recobrara la cordura. La policía finalmente pudo interrogarlo, querían saber como lo hizo. Alfonso conto todo con extrema calma, sin siquiera sentirse culpable, relataba cada asesinato con indiferencia.

TESTIMONIO

¿Qué como lo hice? Muy sencillo. Me levante a las 3 de la madrugada, baje lentamente las escaleras hasta la recepción, vi que el hombre encargado aun estaba despierto, me acerque a él cordialmente, le dije que no podía dormir y si le apetecía charlar. El acepto encantado, se sentía muy solo en ese escritorio de caoba. Use la excusa de querer ver lo que estaba haciendo, y cuando lo tuve de espaldas le clave mi cuchillo con todas mis fuerzas, al mismo tiempo que apretaba su boca para no dejarle soltar ningún quejido. Cuando termine este trabajo, volví a subir al segundo piso, entre a mi cuarto y espere.

Mi paciencia se vio recompensada a las 4:47 cuando oí unos pasos. Vi a una mujer que salía del baño, espere que cruzara al pasillo, entonces la atrape, y usando la ayuda de un poco de cloroformo la dormí, y luego le corte la lengua. Procedí luego a amarrarle las manos y los pies. Cuando ya la tuve inmovilizada, los efectos del bello compuesto químico se desvanecieron cuando hice el primer corte. Ella intento zafarse pero estaba muy débil como para resistirse con eficacia. Fui desollándola con rapidez, disfrutando cada segundo, disfrutando su cara de dolor y terror. Continúe tranquilo hasta que oí un ruido abajo. Baje presurosamente y me encontré con un anciano, parecía confundido, era obvio que sus facultades mentales eran pobres por causa de la senilidad. Me fue sencillo cortarle la garganta y tirarlo al suelo. Pensé matarlo rápido para luego subir y terminar con el desollamiento, pero mi estomago crujió, no había comido nada en días. Rápidamente abrí su estomago y comencé a comer todo con gusto.

Al terminar, subí y continúe con el desollamiento, la mujer no se había movido pues no tenia las fuerzas suficientes ni para mover un dedo. Seguí pasándole mi cuchillo de la buena suerte hasta que termine el trabajo. Luego me dormí, o más bien, me desmaye. Estaba molesto por esto ya que, no me gusta estar dormido, o mejor dicho, no me gusta que el otro este despierto.

DORMIDO

Alfonso despertó justamente cuando se cumplieron las cinco horas. Al salir vio los asesinatos desde su nueva perspectiva. Vio a los monstros hacer lo que él hizo pero con el toque de fantasía que su mente creaba. Y estrangulo al joven mientras creía ver al ser oscuro.

Cuando cayó de rodillas después de intentar abrir la segunda ventana, en el momento en el que se había rendido, atrapo a la niña, la tiro al suelo y le corto sus cuellos femorales con su cuchillo, que llevaba en su bolsillo trasero, pero esta no grito, no entendía que pasaba y el miedo bloqueo sus funciones.

Luego clavo el cuchillo en su pecho y violo a la niña salvajemente hasta que esta cayo inconsciente. Los gritos que se escucharon no provinieron de ella, si no de él. El gritaba de esa forma aguda mientras arrastraba con una gran fuerza los cuerpos, era una forma inconsciente de pedir ayuda, él quería ser atrapado, necesitaba ser atrapado. Estaba cansando de llorar constantemente cada lunes de cada semana, el único día cuando la personalidad original estaba completamente lucida. Estaba harto, a pesar de que lo intento muchas veces, jamás pudo usar ese cuchillo grande que su padre le regalo de niño, contra si mismo.

DESCENLACE.

Después del interrogatorio, Alfonso regreso a su celda. Ya habían preparado su sentencia, será ir a la silla. Entonces fue sentado y asegurado. Un oficial movió la palanca, Alfonso vio a un perro de dos cabezas, cada una respiraba truenos y relámpagos, y finalmente, murió con una sonrisa de felicidad, por fin su sufrimiento había terminado.

FIN

miércoles, 24 de agosto de 2016

Cuento: Lobos




Cuarto escrito del universo de cuentos y relatos: Black Word.

LOBOS

Una manada de catorce lobos se aleja de un bosque, cabizbajos. Han sido expulsados de su territorio por otra manada que fue superior. Muchos están heridos, pero mantienen el paso, si se quedan mucho tiempo serán atacados otra vez. El cachorro del líder de la manada, vino al mundo hace cinco meses, ya le ha salido su dentadura final, es un bello lobato de color blanco, el único de la manada de ese color, nadie sabe porque, pero no les es importante. Esta algo herido en su pata trasera, no fue por una mordida solo se cayó cuando huía por el ataque.

Después de caminar mucho, llegan a una pequeña cueva donde todos se quedaran por una noche antes de volver a emprender su viaje en busca de un nuevo territorio. Los adultos han salido a buscar presas para la cena de hoy, el lobato aun es demasiado pequeño para acompañarlos, por lo tanto se queda en la cueva con su niñera ya que su madre también ha salido a cazar.

Se queda dos minutos pero es demasiado inquieto y curioso, entonces sale de la cueva cuando no lo están viendo, quiere pasear y explorar un poco. Dos de los lobos que se quedaron a proteger la cueva, lo siguen, se llaman Atam y Daka. El lobato olfatea la tierra, está fascinado por descubrir un nuevo olor. Los dos lobos que lo siguieron se acercan a él, gruñendo. El lobato echa los labios y las orejas hacia atrás, se lame el hocico, tiene la cola entre las patas y apunta su hocico a los lobos. Pero ellos siguen gruñendo, y erizan el pelaje, entonces el lobato llega la sumisión pasiva, rueda boca abajo y expone su garganta. Pero aun así, los lobos siguen igual, el pequeño no entiende que pasa, está muy asustado y no puede pedir ayuda, pero en ese momento su padre regresa y se interpone entre su cachorro y los dos lobos— ¿Qué creen que hacen? — Les pregunta—Este es mi cachorro—Los dos lobos se miran y Daka habla.

—Está herido, será solo una carga.
—Yo decido si es una carga o no. Apártense, no quieren verme molesto.

Los lobos retroceden y regresan a la cueva. El pequeño lobato gimotea mientras su padre le lame la cabeza y le dice que todo está bien, entonces su cachorro mueve la cola. Al regresar a la cueva, luego de que la pareja reproductora coma, los demás lobos y la única cría que sobrevivió al ataque son los siguientes en comer. La cena ha sido un par de ciervos.

El pequeño lobato duerme junto a sus padres, en medio de ambos. La noche pasa sin percances, y al día siguiente el viaje se vuelve a emprender. Caminan por varias horas, por días, pasan por praderas, por caminos llenos de piedra, por montañas y por valles y por fin han llegado a un nuevo bosque, y el macho alfa lo reclama como su territorio orinando y dejando excremento en todo lo que le pertenecerá. Este será el nuevo lugar donde vivirán, el pequeño espera que esta vez puedan quedarse.

Al día siguiente, los adultos vuelven a salir por la comida, esta vez el lobato se queda junto a su niñera, se siente bastante cansado por el viaje, su herida en la pata le está afectando. Los lobos que intentaron matarlo están observándolo, están atentos a cualquier signo de debilidad.

Al final de la cena, sus padres, los alfa, se aíslan y estarán así por mucho tiempo, es abril y empezaran a aparearse. Su padre les ha pedido a dos lobos de confianza que mantengan seguro a su cría, y ellos son los que impiden que Atam y Daka se acerquen a él.

Las feromonas en la orina y la hinchazón en la vulva informan al macho de la situación. Raido monta firmemente a Calay por detrás, forman una cópula luego de que el bulbus glandis se expande y los músculos de la vagina se aprietan, estarán unidos entre 10 y 30 minutos durante los cuales Raido eyaculara múltiples veces. Tras la eyaculación final, Raido levanta sus patas por encima de Calay, quedando ambos mirando en posiciones opuesta, alertas, protegiéndose las espaldas. El ritual se repite muchas veces durante el periodo de ovulación.

Han pasado 63 días y cinco lobeznos han nacido, ciegos, sordos y completamente dependientes. Los cachorros residen en la madriguera y se quedaran allí, en su cuarto al final del túnel, hasta que cumplan las tres semanas de edad. La cueva donde viven esta cerca de un lago y está bien protegida. Luego a las cinco semanas, comenzaran a salir a dar sus pequeñas expediciones, mientras son cuidados y educados por su niñera, designada por la alfa Calay. Ellos son instruidos en la comunicación con aullidos, reciben comida y elogios como recompensa por el buen trabajo.

El hermano mayor, el único lobo blanco de la manada, Mosay, sale con los adultos, observara cómo funciona la cacería.

Ocho lobos se acercan a un bisonte que ha tenido la mala suerte de haberse alejado de su manada, han esperado el momento perfecto, el gran animal esta distraído pastando. El macho alfa, Raido, es el primero en avanzar. Los demás lobos esperan la señal, pacientes. Raido tiene la cola horizontal y tensa, pero la mueve un par de veces, esa es la señal. Los demás lobos salen de todos los puntos donde estaban escondidos, los demás bisontes huyen, pero la presa designada no tendrá la misma suerte. Raido lo muerde en el área del perineo, provocando un desangramiento. Los demás lobos atacan al animal en sus patas y torso, Raido se aleja, toma vuelo, corre y ataca a la garganta. El Bisonte ha caído, y los alfa son los primeros en comer, mientras los de rango intermedio evitan que los de bajo rango se acerquen. El corazón, el hígado y los pulmones han sido comidos. Mosay es el siguiente en acercarse, se ha recuperado y está creciendo fuerte como nadie, todos están de acuerdo de que será un gran sucesor.

Los días pasan y la comida escasea, ya no se ven muchos animales, algo más los está cazando. Uno de los lobos observa el problema y regresa a reportarlo.

— ¡Son humanos! Los humanos han llegado a este lugar.

Los lobos se ponen tensos, están asustados, existen muchas leyendas sobre el poder de los humanos. Raido da la orden y los lobos comienzan a esconderse. Mosay sigue siendo curioso, y decide observar a los humanos. Es de tarde y falta unas horas para anochecer. No le toma mucho tiempo encontrarlos, su olor es muy diferente a lo que ha olido en toda su vida. Observa con claridad, a uno de ellos, matando a un oso, de un disparo en la cabeza. Mosay piensa que la forma de cazar de los humanos es impresionante, no tuvo que ponerse en peligro, lo asesino de lejos.

Mosay decide quedarse un rato mas, quiere ver como esas criaturas comen sus presas. El humano es felicitado por dos de sus compañeros, uno de ellos saca una cámara y le toma una foto con el oso. Mosay no entiende que está sucediendo, no se lo están comiendo, lo han dejado ahí que se pudra.

— ¿Lo mataron solo para hacer esa cosa tan extraña? ¿Le quitaron la vida por diversión?

Mosay piensa por mucho pero no logra entender la forma de razonar de esas criaturas. Desobedeciendo la orden de su padre, el lobo blanco decide seguir a los humanos, quiere aprender más de tan formidable enemigo.

Los ha seguido por horas, con cuidado, se ha alejado de su territorio y está abierto a muchos ataques, pero el confía en no ser detectado, es bastante hábil para su edad. Finalmente ha llegado a una cabaña, observa desde un escondite como se comportan. Observa muchos animales disecados en las paredes de la cabaña.

—La caza de hoy fue muy divertida, aunque ese oso no dio mucha pelea.
—Si, estuvo bien. Mañana espero cazar un lobo o un zorro, esos son mas escurridizos.

Por alguna razón, Mosay logra entender todo lo que ellos dicen. El mismo está sorprendido, el lenguaje de los humanos es diferente a los de su clase, pero el entendió cada una de las palabras. También entendió que ellos solo mataban por diversión, terminaban vidas solo para hacer más emocionantes las suyas. Esos seres eran asquerosos, su forma de pensar es horrible, repugnante, eso le pareció. El lobo blanco se retiro llevando con él un gran desprecio a esa raza, pero también llevo mucho consigo el miedo.

No hubo más problemas, los humanos mudaron su caza a otros lugares, y los lobos y los demás animales pudieron salir de sus escondites y vivir otra vez.



El tiempo ha pasado, Mosay ha cumplido dos años, en breve comenzara a buscar una pareja y su propio territorio. En dos días partirá, se despide de sus hermanos y de sus viejos padres. Antes de irse pasara tiempo con el resto de la manada.

La noche cae, las estrellas brillan. Mosay está sobre una roca, aúlla a la luna con melancolía. Observa todo el territorio de su padre, está feliz de haber sobrevivido y de haber tenido una vida pacífica. Desciende lentamente por la montaña, pero varios aullidos llaman su atención, son aullidos y ladridos que le piden regresar, son aullidos de miedo.

En el núcleo del territorio, donde todos están reunidos, hay algo que los asecha. Rija, uno de los lobos de confianza de Raido, está cerca de él y le pregunta— ¿Qué rayos es eso? No son lobos, osos o algo parecido, tampoco son humanos, es extraño—Raido se queda callado, tiene las orejas atrás, se le ve asustado, Rija nunca lo ha visto así, incluso cuando la otra manada, que era superior en número ataco el estuvo fuerte y peleo contra tres al mismo tiempo, aun cuando los humanos llegaron, el se mantuvo claro, pero ahora, el gran lobo alfa, el más valiente lobo, ahora, está asustado.

Mosay ha llegado, los ve a todos asustados, el no entiende porque. Al pasar su sorpresa, su olfato (el mejor de la manada) capta la esencia de la cosa que los asecha. Es un olor a podrido, fétido pero a la vez es aromático y relajante, nunca antes ha olfateado algo como eso. A pesar de su visión, los lobos no logran divisar al ser que los asecha. Ellos también captan el horrible pero hermoso olor, primero pensaron que era el olor de la pólvora, que los molestos humanos habían venido a atacarlos, pero no, eso no era humano, para nada.

Unos ojos blancos se ven en la oscuridad, en lo alto. Se escucha el aullido final de uno de los lobos, los demás se asustan y saben que serán los siguientes. Los lobos caían uno detrás de otro, Mosay se acerca a sus padres, se comunica con ellos con pequeños gemidos pero, ellos no responden. Un viento extraño, frio y lleno de maldad, perfora sus cuerpos, pero el cuerpo de Mosay solo queda herido. — ¿Qué es esto? Has sobrevivido a mi ataque—Pregunta una voz fría y vacía. Mosay solo puede gimotear.

—Ya veo. Eres un lobo maldito. No creí que los de tu clase nacieran así.
— ¿Los de mi clase? –Se pregunta Mosay.
—Te dejare vivir, lobo maldito.

Lo que producía la voz se ha materializado en un ser de sombras, humanoide y emite una gran maldad, una energía demoniaca. Las lobas han sido reanimadas, han vuelto a la vida pero solo para ser violadas por esa sombra. Una y otra vez, para luego ser tragadas, tragadas al igual que los machos. Mosay mira aterrado, su familia ha muerto, lo que ha observado supera la maldad de los humanos, era una maldad de la más alta clase. Y observando esa maldad, se desmaya.

El sol resplandece, Mosay se levanta, herido aun. Camina por el bosque, camina por horas, herido y cansado, pero camina. De tanto caminar, el lobo blanco se desmaya. Un ladrido llama su atención, el ladrido de un perro, una perra dálmata. Una joven mujer sigue el sonido del ladrido, observa al lobo, lo carga mientras sus cabellos dorados brillan con el sol. Mosay piensa para sus adentros mientras es cargado— ¡Suéltame! Sucia humana, suéltame— La joven no lo suelta, las palabras de Mosay son solo gemidos.

La joven lo lleva hacia su tienda, ella esta acampando en el bosque, le gusta la naturaleza.

Mosay sigue gritando por dentro, pide que no se le acerque, pero ella no hace caso. La joven pone la cabeza del lobo blanco sobre sus piernas, Mosay intenta moverse pero no puede, está demasiado débil. La joven acaricia su cabeza— ¡No! Suéltame humana. No quiero ser tocado por los de tu raza, los aborrezco—La joven lo sigue acariciando, con mucho amor, la perra dálmata observa preocupada— ¡Maldita humana! ¿Por qué? ¿Por qué tus caricias son tan cálidas y reconfortantes? Tú que perteneces a esa sucia raza— Con sus pensamientos, Mosay se queda dormido.

Al día siguiente, se despierta pero aun no puede moverse. A su hocico llega el olor de un estofado de carne. La joven nota que ha despertado, le habla con una amable voz—Me alegra que hayas despertado—Dice con una sonrisa.

—Debes tener hambre ¿verdad? No te preocupes, también eh preparado comida así para Dayla, ya que eres un lobo debes tener gustos similares, o eso creo.

La joven lo alimenta con cucharadas, Mosay no quería nada de los humanos pero, esa comida tenía algo especial, algo amable, como la comida que su madre le regurgitaba cuando era cachorro.

Mosay vuelve a dormirse, y al día siguiente se siente mejor. Al abrir los ojos mira frente a él a la humana, durmiendo con su perra encima de su pecho. El lobo blanco se quita las frazadas que la joven le puso para que no pase frio, nota las vendas en su cuerpo.

Lo único en la mente de Mosay es salir de ahí. La humana no parece como los otros pero puede que solo este fingiendo, no se dejara engañar por esas palabras. La joven nota que intenta irse, se levanta y le dice que aun no está curado, que debe descansar más tiempo. Mosay le gruñe, levanta las orejas y le muestra sus fauces, pero ella no está asustada. Se acerca a él lentamente, Mosay hace ademan de morderla pero la perra dálmata interfiere derribándolo con facilidad.

— ¿Ves? Estás muy débil. Si una perra puede vencerte, no tendrás oportunidad ahí fuera.

Mosay se duerme una vez más. Esta vez es despertado por los lamidos de Dayla, la comida esta lista. Mosay come de un plato hondo, sin descanso prueba la comida. Ya está recuperado, piensa irse y no dejara que esa mujer lo detenga. La joven lo acaricia, y lo besa en la frente. Dayla enloquece, se mueve de lado a lado ladrando, el lobo blanco se ha convertido en un bebe, un bebe de dos años.

sábado, 13 de agosto de 2016

Relato: El primero






El siguiente es el primer escrito perteneciente al universo de cuentos y relatos: Black World.

EL PRIMERO

DICIEMBRE 1476. BUCAREST.

CAMPO DE BATALLA

11:50 PM

Millones de soldados turcos batallan contra millones de soldados rumanos. Las batallas son sangrientas, las cabezas vuelan y los cuerpos se amontonan en pilas. Los rumanos están perdiendo, sus muertos son por mucho, superiores a los de su rival.

Vlad III cabalga su corcel. Blande su Kiliç y decapita turco tras turco. Cegado por estar sonriendo ante los charcos de sangre en la tierra donde peleaban, y por el enojo de haber perdido a su amada esposa, muerta por los turcos luego de que tomaran el castillo en un ataque sorpresa, no se percata de que las patas traseras de su caballo han sido cortadas. El caballo cae y el Vlad lo sigue.

Al levantarse del suelo, Vlad se ve rodeado de seis turcos. Sus enemigos se van acercando lentamente, sus espadas están deseosas de gloria. Vlad III blande su Kiliç y logra decapitar a uno, cortarle el brazo a otro, pero no puede defenderse de los demás. Es apuñalado numerosas veces y cae en un charco de su propia sangre, mezclada con la de sus hombres y enemigos.

Vlad, moribundo, ve a sus hombres caer uno detrás de otro. Observa con lágrimas sus tierras en llamas, las chispas que producen el cruzar de espadas. Oye los gritos de sus soldados, el sonido que producen las espadas al chocar, los derrumbes. Los turcos están extasiados, muy felices por haber logrado el mayor acto posible— ¡Lo matamos! —Gritan— ¡Tepes ha muerto!

Moribundo, Vlad Drăculea pide ayuda. Su garganta se inunda de sangre, no puede articular palabra, pero por dentro grita por ayuda. Le grita al cielo, y no es escuchado. Le grita al infierno, y una voz le responde— ¿Quieres mi ayuda, niño católico? —dice arrogante la voz.

—Sí. Si. La quiero más que nada.

— ¿Qué hay de tu Dios? ¿Por qué no se la pides a el?

—El. El me ha abandonado.

—Es algo cruel de su parte ¿no lo crees?

— Si. Es muy cruel. Yo que tanto lo venere.

—No te preocupes, yo si soy bueno ¿Qué es lo que quieres?

—Poder. Poder para no ser derrotado.

—Ya veo. Te lo daré.

— ¿De verdad?

—Por supuesto. Te daré el poder que tanto deseas, pero…

— ¿Pero?

—Primero. Renuncia a tu fe. Segundo. Tendrás que servirme por toda la eternidad. Y ese gusto del cual sueles disfrutar luego de empalar a alguien, podrás disfrutarlo al máximo.

—Que se pudra. Acepto servirte, si con eso obtendré poder.

12:00 PM

Vlad Drăculea hijo de Vlad Dracul, ha muerto. Abre los ojos y se levanta. Sus heridas están curadas, y sus órganos han sido regenerados. Recoge su Kiliç, y observa a los turcos. Los soldados que lo mataron están descansando, la batalla está por ser ganada. Vlad se acerca a ellos, le dan la espalda. La espada curva es blandida y todos pierden su cabeza en un instante. El grito de un soldado turco se oye fuerte y se clava en los oídos de todos— ¡Esta vivo! ¡Vlad Tepes está vivo! —Vlad sonríe, se siente como nunca.

—No. No estoy vivo, solo, no estoy muerto.

La insignia roja de la orden del dragón reluce en espalda de su armadura. Vlad desaparece y en su lugar queda un humo negro como nunca antes visto— ¿Dónde está? —se preguntan.

Vlad aparece en el cielo oscuro, frio y lleno del humo creado por el fuego. Desciende a gran velocidad en medio de miles y miles de soldados turcos, y moviéndose a velocidades inimaginables decapita a todo aquel que se le cruce. Desmiembra a todo turco en su camino. Se detiene, observa la sangre en sus manos, la bebe con gusto. Es la primera que disfruta tanto beber sangre.

Es atacado por muchos soldados. Vlad se mueve en medio de ellos, atrapa dos cabezas con una mano cada una y muerde los cuellos succionando la sangre en cuestión de milésimas de segundo. Oleadas y oleadas de murciélagos negros aparecen en el cielo haciéndolo aun más oscuro. Los soldados son atacados por ellos, muchos mueren, algunos lograron cortarlas pero, solo lograron que se multiplicaran, esas ratas voladoras eran inmortales.

La armadura negra y llega de sangre de Tepes está rodeada de sombras de un negro nunca antes visto. Todo su cuerpo está rodeado por esas sombras, y por un humo igual de negro. No puede creer que sea tan poderoso, se siente invencible. Aun quedan algunos valientes. Ellos atacan al poderoso ser. Trece lo apuñalan en varios puntos de su cuerpo, pero Vlad sigue perdido en sus pensamientos. Levanta la vista, se mueve tan rápido como el sonido y se eleva en el cielo mientras las cabezas de sus atacantes caían al suelo.

Vlad divisa su objetivo, desciende. Vlad se acerca a su Guardia Moldava, a los pocos que quedan. Solo 10 han sobrevivido. Ellos también están sorprendidos por lo que han visto, no pueden pronunciar palabra. Vlad muerde los cuellos de todos, pero no murieron solamente, revivieron, más fuertes y más rápidos. Todas sus heridas fueron curadas. Las heridas de Vlad también han sanado, su armadura negra esta como nueva.

Los soldados de la guardia se mueven velozmente, los turcos los pueden ver, no es como con Vlad, pero aun así, no los pueden detener. Vlad grita, de su espalda salen dos alas negras, de murciélago. Vuela hacia lo alto de su castillo. Desde ahí, las sombras que produce, se comen al castillo, y cuando se esparcen este está como nuevo. Todos los sirvientes muertos dentro del han revivido. Después de unos minutos, ya no quedaban turcos con vida. Draculia los consumió a todos. Miles y miles de empalados en enormes estacas decoran el campo de batalla.

Vlad tercero está sentado en su trono, levanta su copa llena de sangre de turcos, sus sirvientes hacen lo mismo— ¡Salud! —Todos beben gustosos. Un murciélago se posa sobre la cabeza de Vlad. Tepes se levanta. Se dirige a sus aposentos. Su mujer, hermosa, desnuda, en la cama matrimonial, espera con una sonrisa. Espera el demonio en tierra. El conde Dracula.

FIN

 
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