martes, 27 de septiembre de 2016

Demon Hunter Capitulo Piloto.


WARNING:
Lo que estas por leer es extremadamente estúpido e incoherente. Falla miserablemente en su intento de ser gracioso, y solo son los desvaríos de un adolescente de 17 años con constantes erecciones. Esta cargado de comedia absurda y grosera que te harán pensar en porque si quiera pensó en hacer esto. Recomendamos que lo leas con un adulto supervisor. Si decides leerlo, sera bajo tu propio riesgo.




DEMON HUNTER

Un adolecente de 18 años y una joven de 22, discuten fuertemente mientras entran a una casa de dos pisos de color azul claro. Ella entra primero, camina mientras se amarra el cabello negro; largo y sedoso. En su espalda, en una funda, figura una katana. El entra después de ella, su cabello es corto y negro. En sus bolsillos hay dos Magnus y en su espalda un hacha.

— ¿No puedo creer que seas tan celoso, Deblim?-Dijo ella enojada.
— ¿De qué demonios hablas? Yo no soy celoso. –Dijo el indignado.
—Golpeaste a ese sujeto solo porque me miro. –Dijo gritando.
— ¡Con lujuria!-Reprocha él.
— ¡Era gay!-Dice abriendo los brazos.
—Miraba tu collar, probablemente pensaba robártelo. Deberías agradecerme.
—Eres un idiota.
—Y tú eres una zorra.
— ¡Pendejo!
— ¡Puta!
— ¡Cabrón!
— ¿Quieres tener sexo?-Dijo con él con una sonrisa entusiasta.
— ¡No!-Grita ella, muy enojada.
— ¡Sí!—Dijo con una sonrisa—….Espera ¿Qué? —Dijo mientras se daba cuenta de lo que acaba de pasar— Esto está mal. He visto muchas veces como esto termina en sexo.
—Esto no es una serie o una película.

Ahora, de seguro de estas preguntando, como yo, Deblim y esta chica japonesa de tetas grandes terminamos en esto. Pues, te contare la historia de cómo me convertí en un cazador de demonios. ¿Qué? ¿Qué no te interesa y te vale un pepino podrido? Pues te jodes, igual te la voy a contar. ¿Qué porque esto comenzó en relato en tercera persona omnisciente y ahora es en primera? ¿No te gusta? Pues acostúmbrate, esta mierda será muy loca. Además ¿Qué te esperabas? Este tipo del escritor ni siquiera termino el colegio, y acá ínter nos, solo se baña tres veces a la semana ¿A que es asqueroso? …. ¿Si? ¿Ah, enserio? Ok…Si eh. Me acaban de avisar por interno que ah amenazado con borrarme como personaje si lo sigo jodiendo.
Muy bien, vayamos con la historia.

LA HISTORIA

Un joven está sentado frente a una pantalla. ¡Carajo! ¿Otra vez en tercera persona? Decídete cabrón. Está bien, quieres narrar tú en primera persona, hazlo, yo me largo. ¡Oye escritor! ¿Alguna vez has pensado que tienes serios problemas mentales? Bueno, ya se fue.

Todo comenzó cuando estaba sentado frente a mi televisión en mi cuarto. Como siempre todo estaba desordenado. Ropas sucias en el suelo y encima de una silla, bolsas de comida chatarra en el suelo y alrededor de la TV. Era todo un desastre.
Me encontraba viendo un anime como siempre hago, y mi madre toco mi puerta. Ella entro con vehemencia. ¿Con vehemencia? Ulala señor francés. ¿Entonces como se dice? “Como una puta loca” ¡Maldita sea creador! Déjame narrar. ¿En que me quede? Ah! si.

Ella entro con vehemencia, se le veía en la cara su gran enojo al ver todo el desorden. Me grito fuertemente que levantara todo y dejara de ver, y cito: “Muñequitos chinos”. A ella no le gustaban mis caricaturas taiwanesas. ¡Son japonesas! .Ya no te alteres narrador. Prosigo.

Ella recogió algo de la ropa, la que era blanca, ya que esa era la ropa que lavaría. Antes de irse me dijo:

—A pesar de que estas grandes sigues viendo esas tonterías. Hubiera preferido que fueras un drogadicto adicto al crack que un puto Otako.-Dijo, para luego irse azotando la puerta.
—Gracias Mamá. También te amo.

Lo que estaba viendo se llamaba Kokun y sus amigos. ¡Dragón ball! Cierto, eso. Dragón Ball.
Era la única cosa que pasaban por televisión en mi aburrida ciudad. Antes de que nos mudáramos a esta ciudad llamada “Dark” Yo podía ver muchos animes por internet, y muchos eran infinitamente superiores a esta cosa llamada “escroto del dragón”. Esto era lo único que tenia y me bastaba para no enloquecer.

En la noche, como siempre, salí a trotar. Corrí por varios minutos y pare frente a una dispensadora de bebidas. Metí una moneda y saque una botella de agua, la bebí presurosamente hasta acabármela de tiro. Estaba muy sediento. Decidí regresar a casa, por alguna razón estaba haciendo mucho frio y yo me sentía mareado. Pero mientras caminaba, algo me detuvo. Era una persona que había salido de un callejón. De inmediato pensé que era una mujer, ya que su silueta así me lo decía. Y si, era, en efecto, una mujer. Vestía todo de negro, su cabello era rubio y estaba bastante buena. Por un momento pensé en las cosas que me gustaría hacerle. Ella se me acerco, muy rápido, tanto que apenas la pude ver, y me dijo:

—Soy una bruja. Te sientes mareado por el efecto de mi magia. Ahora procederé a comerme tu corazón. Te preguntaras porque. Sucede que esa es mi forma de recuperar energías.

¿Energías? Pensé que era raro. Yo no la veía lastimada y mucho menos cansada. Además, es imposible que hubiera otros brujos, es más, era estúpido creer lo que dijo.

—Creí—Comencé—Creí que las brujas tenían la nariz larga y arrugada. Además de ser viejas y con pocos dientes. Además vuelan en sus escobas y caminan encorvadas.
—Soy una bruja no tu madre.
—Jaja. Good one.
—Si ya terminaste. Procederé a matarte.
— ¡Espera! Al menos puedo tener un último deseo.
— ¿Cuál? —Me pregunto exasperada.
—Que te esperes unos segundos más.
— ¿Por qué?
—Oh por nada. Por nada….

Pasaron un par de segundo y en el cielo, como si estuviera descendiendo de la mismísima luna, una mujer en traje de sacerdotisa aterrizo en el suelo, su cabello se balaceaba con el viento y sus tetas rebotaban como pelotas de básquet. Ella empuñaba una katana, la libero de su saya y apunto el filo contra la bruja. Ella retrocedió y apunto su varita mágica contra la sacerdotisa. Una luz se comenzó a crear en la punta de la varita y ella grito: ¡Patronus! (Si creo que Jk Rowling va a demandar a alguien) La luz se dirigió hacia la sacerdotisa pero ella la destruyo con su katana, luego se movió a gran velocidad, blandió su espada verticalmente y cortó a la bruja en dos. La sangre, las tripas y las viseras estaban esparcidas por todas partes y yo tenía ganas de ir al baño. La mujer guardo su espada, se volvió, me vio y luego se retiro volando.

Déjenme presentarme una vez más. Me llamo Deblim Abayada. Tengo 18 años y soy lo que se llama una paria social. No soy buenos en los estudios, menos en los deportes y no tengo ningún talento más que arruinar todas mis relaciones. Lo único bueno que tengo es que jamás me meto en problemas. Nunca lo he hecho. Jamás me he peleado ni eh insultado a alguien. Pero, ahora. Mientras veía el cadáver de la bruja y la policía me rodeaba apuntándome con sus armas y gritándome que me quedara quieto, era obvio que eso no se veía bien.

COMISARIA

Yo estaba sentado en la silla de acero, con las manos esposadas, esperando al oficial Gutiérrez. Era un hombre que se estaba quedando calvo, de barba espesa, y panzón. Tenía frente a mí una mesa de acero, y en ella estaba una taza de té caliente, me estaba tentando, pero no podía agarrarla. Ah! Suspire. Tan cerca y a la vez tan lejos. El oficial finalmente llego, entro con una mirada seria. Puso sus manos con todas sus fuerzas sobre la mesa, y mientras intentaba disimular que le dolió me dijo fuerte y firme:

— ¡Confiésalo! Tú la mataste.
—Claro que no—Le dije tranquilo—Solo pasaba por ahí, soy inocente.
— ¡Eso es lo que diría un culpable! —Grito mientras golpeaba la mesa con su puño derecho.
— ¿Qué? —Le pregunte extrañado— ¿Entonces qué diría un inocente?
—Ah. Pues…. ehhhh…hummm. ¡Confiesa!
—Alguien más la mato, yo solo estaba por ahí, fue una coincidencia.
— ¡Las coincidencias no existen!

En ese momento, el celular del oficial sonó. El timbre de llamada era una canción, una voz masculina y criolla dijo: “Coincidenciaaaaaas, coincidencias de la vidaaaa”

—Mujer—Dijo el oficial a su esposa—Cariño ahora no, estoy interrogando a un sospechoso. Si si. Hoy iré temprano. No faltare a la cena con tus….Hermosos padres.

El colgó y me miro. Tosió y me dijo que tal vez, quizá, las coincidencias existían. Intente explicarle que vi a una sacerdotisa matarla y que la muerta era una bruja. Y como era razonable me dijo que tenía que ir a un manicomio. Entonces yo lo mande a chupársela a un burro.

Estando en la celda, miraba a la luna por la ventana. Felizmente no me quitaron mi celular ya que lo escondí bien en mi trasero y no me registraron más allá de mis bolsillos del pantalón. Intente hacer una llamada pero no tenia saldo, pero, una llamada entrante me alegro. Puse el celular en mi oreja derecha y una voz baja y misteriosa me dijo:

—Eres el elegido.
— ¿El elegido? —Pregunte perplejo.
—Si—Dijo la voz misteriosa—Eres el elegido—Se cambio el tono de la voz—El elegido como nuestro concursante ganador de los dos boletos para el concierto de Madonna.
—Yo, a mi… A mí no me gusta el Pop, de hecho, lo detesto.
—Oh! Ammm. Adiós.
—Estúpida radio.

Después de la llamada me eche en la pobre imitación de cama de la celda y me puse los audífonos y escuche tranquilamente la banda Monoral. De pronto, la sacerdotisa estaba frente a mí. Yo me quite los audífonos con rapidez y retrocedí hacia la pared. Ella se acerco y me dijo:

—Te he estado buscando por mucho tiempo, Abayada.
— ¿Cómo sabes mi apellido?
—He sido enviada a buscarte, necesitamos de tu poder en la batalla contra los demonios.
— ¡Pregunta!
— ¿Si?
— ¿Son reales? —Le dije mientras apuntaba a sus grandes magumbos.
—Si, lo son.
— ¡Lo sabia! Hay niponas con tetas grandes, y decían que yo estaba loco. (¡Estás Loco!) Ves.
—He venido a sacarte de aquí, maestro.
—Genial.

Ella se retiro y me dijo que vendría mañana a primera hora a sacarme. Entonces yo me volví a echar, pero ya no podía pensar en otra cosa más que en sus sandias. ¡Vaya!

Mientras Deblim dormía. ¡Ah! Volvimos con el tercera persona. Ya lo extrañaba. Mientras el pedazo de mierda del protagonista dormía pensando en las tetas que jamás le dejare tener. En la morgue, el cuerpo de la bruja se estaba regenerando ante la mirada atónita del doctor.

FIN

domingo, 18 de septiembre de 2016

Cuento: Hotel






HOTEL

12 de la noche. Un hombre se adentra en un hotel humilde, pequeño; solo tiene dos pisos pero es bastante grande de anchura. El hombre lleva en su brazo un bolso negro. Saca su tarjeta de crédito y se la entrega al encargado, para después decirle que solo se quedara tres noches. El encargado le pide que firme en una libreta, y luego procede a entregarle su llave. El hombre da una mirada rápida al estante y se da cuenta de que faltan 12 llaves además de la suya, lo que quiere decir que él es el numero 13. Mal augurio.

Se instala en su habitación, no trae mucho consigo. Saca una toalla de su bolso y entra al baño, se mira en el espejo, se preocupa de lo pálido que se ve, y piensa que debería comer y descansar más. Luego de lavarse el rostro y secarse, se tira en la cama dispuesto a dormir. No hay ruido en el hotel, la gente está descansando, y gracias a ello el podrá dormir bien.

La noche ha pasado sin percances. Son las 5 de la madrugada y el hombre se levanta, se siente cansado a pesar de haber dormido toda la noche. Al dar un paso se da cuenta de que su identificación esta en el suelo, la levanta y se ríe de cómo se ve en la foto. En el plástico laminado se lee el nombre de Alfonso Arias. Edad: 35 años.

Alfonso ha salido de su habitación, camina con calma, piensa dar unas vueltas como siempre hace en las madrugadas. Al bajar las escaleras que llevan a la recepción, contemplo espantado, el cadáver del hombre encargado. Estaba sobre su escritorio con una herida de puñalada en la espalda, con los brazos extendidos sobre la madera y con la mano derecha cercenada. Hay desparramados en el suelo 4 papeles cubiertos en sangre.

Alfonso esta espantado, corre rápidamente hacia el teléfono que se encontraba en la pared al lado derecho del escritorio. Marco velozmente los números de la policía pero la señal estaba caída, solo se oía un constante ruido irritante. No sabía qué hacer, su celular no tenía señal, así que subió rápidamente esperando encontrar a alguien que si la tuviera. Toco la puerta de la primera habitación, pero nadie respondía, era normal que no estuvieran despiertos a las cinco de la madrugada. Un ruido lo distrajo, era el ruido de una persona siendo arrastrada. Estaba asustado pero aun así se dirigió hacia el ruido, repitiendo en su cabeza una y otra vez que era una mala idea.

Al cruzar el pasillo y llegar al lugar donde se originaba el ruido, observa atónito a un hombre sin piel, se veían sus músculos totalmente claros y su cuerpo no dejaba de sangrar. El hombre estaba jalando a otra persona, una mujer, la levanto del cabello mientras ella intentaba gritar pero, no podía ya que su lengua estaba cortada. El hombre la desolló viva con un enorme cuchillo, increíblemente afilado, y lo hizo a una velocidad impresionante, dejando en claro su gran experiencia y habilidad. Alfonso no pudo hacer más que contemplar la escena con un miedo insoportable, sus piernas temblaban y el sudor salía a mares de su frente y axilas, quería irse pero no podía, sus pies estaban clavados, se sentía enfermo pero no podía vomitar, se sentía cansado pero sus ojos estaban bien abiertos.

Cuando la mujer cayó al suelo y el hombre sin piel volteo a verlo, en ese instante pudo correr, y corrió con todas sus fuerza, como si fuera un atleta. Cuando intento bajar las escaleras, se tropezó y cayó de bruces. Al levantarse, observo asustado a un monstro, no era muy grande, apenas si era algo más alto que el, pero era horrible. Sus ojos eran rojos, su cerebro era visible, su cuerpo era similar al de una salamandra y tenía grandes colmillos en su enorme mandíbula, y con ellos devoraba los órganos de un viejo. Alfonso se levanto rápido, se dirigió a la salida, ya nada le importaba, que murieran los demás, el solo quería salir y salvar su vida, pero la puerta estaba cerrada y por más que la jalo con todas sus fuerzas esta no cedió, por más que la golpeo no se hizo una sola grieta.

El monstro termino de comer y dio una mirada que le helo la sangre. Alfonso echo a correr hacia las escaleras, pues en la pared de ese lado había una ventana, pero esa vía de escape tampoco funciono. Sus dientes castañeaban, se había orinado los pantalones y no dejaba de sudar. El monstro comenzó a acercarse a él. Alfonso decidió subir las escaleras y avisar a los demás, tal vez así, estando todos juntos, puedan defenderse.

Toco las puertas, golpeo y grito con todas sus fuerzas, pero nadie abría. Hasta que una persona lo hizo. Un joven de tal vez unos 20 años, se le veía soñoliento pues no acostumbraba levantarse tan temprano. Le pregunto qué pasaba, porque tanto alboroto, y Alfonso pasó a contarle lo que había visto, pero el joven le dijo en tono burlón que dejara las drogas o que le invitara. Alfonso se molesto y agarrándole de la mano, lo condujo hacia el pasillo donde estaba la mujer desollada. El joven vomito del asco, y luego fue agarrado de la garganta por un ser totalmente oscuro. Alfonso no podía hacer nada ante lo que estaba pasando, intento golpear al ser negro pero todos sus golpes pasaban de largo, como si no estuviera ahí. Finalmente el joven murió estrangulado sin poder defenderse.

Alfonso echo a correr una vez más, paso al lado del cuerpo desollado, hacia la ventana que estaba en frente, pero esta tampoco abrió. Cayo de rodillas, se había rendido, se había rendido y aceptado su muerte. Aun así, se levanto al ver una niña que salía de una habitación, llevaba un oso de peluche en su brazo y le pregunto si había visto a su madre, que no estaba en la habitación. Inmediatamente después de la pregunta, el mismo ser oscuro atrapo a la niña, la levanto alto como si pensara cargarla, pero la levanto de las piernas, las cuales comenzó a separar, subiendo la velocidad con los gritos de la niña, hasta partirla en dos.

Alfonso se levanto y corrió rápidamente hacia las escaleras, mientras corría volvió la cabeza un par de veces, y observo al hombre sin piel arrastrar los cuerpos de la mujer desollada y el cadáver del joven.

Los demás inquilinos despertaron de sus letargos, los gritos de la niña fueron agudos y escandalosos. Salieron de sus habitaciones, algunos pasaron por el pasillo de la mujer desollada, pero no la vieron, ya no estaba. Al llegar se quedaron impactados por la escena. La niña estaba en un charco de sangre, con lágrimas en sus ojos y con su oso bajo el brazo, pero su cuerpo estaba intacto. Algunas personas lloraron y otras gritaron ante la horrible escena. Uno de ellos, un señor con bigote saco su celular y llamo (sin problemas) a la policía. Otra de las personas, una joven mujer se separo, pues escucho ruidos constantes, como si algo cayera por una escalera. Al llegar, la joven grito al ver a un hombre de cabello negro arrastrando dos cadáveres, uno desollado y el otro era el cuerpo de un joven.

Cuando el resto llego, atraídos por sus gritos, vieron lo mismo. El hombre jalaba los cuerpos, mientras sudada y lloraba, era un hombre de aspecto demacrado, con sangre en todo su cuerpo. Luego de terminar de arrastrar los cuerpos, el hombre se dio cuenta de la presencia de las personas, se alegro al ver más gente y les grito que tuvieran cuidado, que había monstros por el hotel, que debían encontrar una manera de salir cuanto antes. La gente estaba callada, y callados observaron al hombre asustarse, había girado y retrocedía lentamente mientras apuntaba con su dedo a la nada gritando: “¡Cuidado, es uno de los monstros, nos va a comer!”

— ¿Por qué todos se quedan quietos? —Pregunto confundido. — ¿Acaso no lo ven?

Después de decir eso, el hombre corrió hacia la puerta, la jalaba con todas sus fuerzas, o al menos eso creía, las demás personas solo veían a un hombre jalando una manija invisible.

La policía llego y detuvieron al hombre, al que, después de investigar un poco, supieron que se trataba de Alfonso Arias, un conocido asesino serial oriundo de Colombia. Estando en su celda, Alfonso miraba a todos lados, asustado. Cualquiera sonido le llamaba la atención y se escondía debajo de su cama. En las noches no dejaba de gritar en sueños que los monstros venían por él.

DESPUÉS DE LA TORMENTA

Pasaron dos días antes de que Alfonso recobrara la cordura. La policía finalmente pudo interrogarlo, querían saber como lo hizo. Alfonso conto todo con extrema calma, sin siquiera sentirse culpable, relataba cada asesinato con indiferencia.

TESTIMONIO

¿Qué como lo hice? Muy sencillo. Me levante a las 3 de la madrugada, baje lentamente las escaleras hasta la recepción, vi que el hombre encargado aun estaba despierto, me acerque a él cordialmente, le dije que no podía dormir y si le apetecía charlar. El acepto encantado, se sentía muy solo en ese escritorio de caoba. Use la excusa de querer ver lo que estaba haciendo, y cuando lo tuve de espaldas le clave mi cuchillo con todas mis fuerzas, al mismo tiempo que apretaba su boca para no dejarle soltar ningún quejido. Cuando termine este trabajo, volví a subir al segundo piso, entre a mi cuarto y espere.

Mi paciencia se vio recompensada a las 4:47 cuando oí unos pasos. Vi a una mujer que salía del baño, espere que cruzara al pasillo, entonces la atrape, y usando la ayuda de un poco de cloroformo la dormí, y luego le corte la lengua. Procedí luego a amarrarle las manos y los pies. Cuando ya la tuve inmovilizada, los efectos del bello compuesto químico se desvanecieron cuando hice el primer corte. Ella intento zafarse pero estaba muy débil como para resistirse con eficacia. Fui desollándola con rapidez, disfrutando cada segundo, disfrutando su cara de dolor y terror. Continúe tranquilo hasta que oí un ruido abajo. Baje presurosamente y me encontré con un anciano, parecía confundido, era obvio que sus facultades mentales eran pobres por causa de la senilidad. Me fue sencillo cortarle la garganta y tirarlo al suelo. Pensé matarlo rápido para luego subir y terminar con el desollamiento, pero mi estomago crujió, no había comido nada en días. Rápidamente abrí su estomago y comencé a comer todo con gusto.

Al terminar, subí y continúe con el desollamiento, la mujer no se había movido pues no tenia las fuerzas suficientes ni para mover un dedo. Seguí pasándole mi cuchillo de la buena suerte hasta que termine el trabajo. Luego me dormí, o más bien, me desmaye. Estaba molesto por esto ya que, no me gusta estar dormido, o mejor dicho, no me gusta que el otro este despierto.

DORMIDO

Alfonso despertó justamente cuando se cumplieron las cinco horas. Al salir vio los asesinatos desde su nueva perspectiva. Vio a los monstros hacer lo que él hizo pero con el toque de fantasía que su mente creaba. Y estrangulo al joven mientras creía ver al ser oscuro.

Cuando cayó de rodillas después de intentar abrir la segunda ventana, en el momento en el que se había rendido, atrapo a la niña, la tiro al suelo y le corto sus cuellos femorales con su cuchillo, que llevaba en su bolsillo trasero, pero esta no grito, no entendía que pasaba y el miedo bloqueo sus funciones.

Luego clavo el cuchillo en su pecho y violo a la niña salvajemente hasta que esta cayo inconsciente. Los gritos que se escucharon no provinieron de ella, si no de él. El gritaba de esa forma aguda mientras arrastraba con una gran fuerza los cuerpos, era una forma inconsciente de pedir ayuda, él quería ser atrapado, necesitaba ser atrapado. Estaba cansando de llorar constantemente cada lunes de cada semana, el único día cuando la personalidad original estaba completamente lucida. Estaba harto, a pesar de que lo intento muchas veces, jamás pudo usar ese cuchillo grande que su padre le regalo de niño, contra si mismo.

DESCENLACE.

Después del interrogatorio, Alfonso regreso a su celda. Ya habían preparado su sentencia, será ir a la silla. Entonces fue sentado y asegurado. Un oficial movió la palanca, Alfonso vio a un perro de dos cabezas, cada una respiraba truenos y relámpagos, y finalmente, murió con una sonrisa de felicidad, por fin su sufrimiento había terminado.

FIN

miércoles, 24 de agosto de 2016

Cuento: Lobos




Cuarto escrito del universo de cuentos y relatos: Black Word.

LOBOS

Una manada de catorce lobos se aleja de un bosque, cabizbajos. Han sido expulsados de su territorio por otra manada que fue superior. Muchos están heridos, pero mantienen el paso, si se quedan mucho tiempo serán atacados otra vez. El cachorro del líder de la manada, vino al mundo hace cinco meses, ya le ha salido su dentadura final, es un bello lobato de color blanco, el único de la manada de ese color, nadie sabe porque, pero no les es importante. Esta algo herido en su pata trasera, no fue por una mordida solo se cayó cuando huía por el ataque.

Después de caminar mucho, llegan a una pequeña cueva donde todos se quedaran por una noche antes de volver a emprender su viaje en busca de un nuevo territorio. Los adultos han salido a buscar presas para la cena de hoy, el lobato aun es demasiado pequeño para acompañarlos, por lo tanto se queda en la cueva con su niñera ya que su madre también ha salido a cazar.

Se queda dos minutos pero es demasiado inquieto y curioso, entonces sale de la cueva cuando no lo están viendo, quiere pasear y explorar un poco. Dos de los lobos que se quedaron a proteger la cueva, lo siguen, se llaman Atam y Daka. El lobato olfatea la tierra, está fascinado por descubrir un nuevo olor. Los dos lobos que lo siguieron se acercan a él, gruñendo. El lobato echa los labios y las orejas hacia atrás, se lame el hocico, tiene la cola entre las patas y apunta su hocico a los lobos. Pero ellos siguen gruñendo, y erizan el pelaje, entonces el lobato llega la sumisión pasiva, rueda boca abajo y expone su garganta. Pero aun así, los lobos siguen igual, el pequeño no entiende que pasa, está muy asustado y no puede pedir ayuda, pero en ese momento su padre regresa y se interpone entre su cachorro y los dos lobos— ¿Qué creen que hacen? — Les pregunta—Este es mi cachorro—Los dos lobos se miran y Daka habla.

—Está herido, será solo una carga.
—Yo decido si es una carga o no. Apártense, no quieren verme molesto.

Los lobos retroceden y regresan a la cueva. El pequeño lobato gimotea mientras su padre le lame la cabeza y le dice que todo está bien, entonces su cachorro mueve la cola. Al regresar a la cueva, luego de que la pareja reproductora coma, los demás lobos y la única cría que sobrevivió al ataque son los siguientes en comer. La cena ha sido un par de ciervos.

El pequeño lobato duerme junto a sus padres, en medio de ambos. La noche pasa sin percances, y al día siguiente el viaje se vuelve a emprender. Caminan por varias horas, por días, pasan por praderas, por caminos llenos de piedra, por montañas y por valles y por fin han llegado a un nuevo bosque, y el macho alfa lo reclama como su territorio orinando y dejando excremento en todo lo que le pertenecerá. Este será el nuevo lugar donde vivirán, el pequeño espera que esta vez puedan quedarse.

Al día siguiente, los adultos vuelven a salir por la comida, esta vez el lobato se queda junto a su niñera, se siente bastante cansado por el viaje, su herida en la pata le está afectando. Los lobos que intentaron matarlo están observándolo, están atentos a cualquier signo de debilidad.

Al final de la cena, sus padres, los alfa, se aíslan y estarán así por mucho tiempo, es abril y empezaran a aparearse. Su padre les ha pedido a dos lobos de confianza que mantengan seguro a su cría, y ellos son los que impiden que Atam y Daka se acerquen a él.

Las feromonas en la orina y la hinchazón en la vulva informan al macho de la situación. Raido monta firmemente a Calay por detrás, forman una cópula luego de que el bulbus glandis se expande y los músculos de la vagina se aprietan, estarán unidos entre 10 y 30 minutos durante los cuales Raido eyaculara múltiples veces. Tras la eyaculación final, Raido levanta sus patas por encima de Calay, quedando ambos mirando en posiciones opuesta, alertas, protegiéndose las espaldas. El ritual se repite muchas veces durante el periodo de ovulación.

Han pasado 63 días y cinco lobeznos han nacido, ciegos, sordos y completamente dependientes. Los cachorros residen en la madriguera y se quedaran allí, en su cuarto al final del túnel, hasta que cumplan las tres semanas de edad. La cueva donde viven esta cerca de un lago y está bien protegida. Luego a las cinco semanas, comenzaran a salir a dar sus pequeñas expediciones, mientras son cuidados y educados por su niñera, designada por la alfa Calay. Ellos son instruidos en la comunicación con aullidos, reciben comida y elogios como recompensa por el buen trabajo.

El hermano mayor, el único lobo blanco de la manada, Mosay, sale con los adultos, observara cómo funciona la cacería.

Ocho lobos se acercan a un bisonte que ha tenido la mala suerte de haberse alejado de su manada, han esperado el momento perfecto, el gran animal esta distraído pastando. El macho alfa, Raido, es el primero en avanzar. Los demás lobos esperan la señal, pacientes. Raido tiene la cola horizontal y tensa, pero la mueve un par de veces, esa es la señal. Los demás lobos salen de todos los puntos donde estaban escondidos, los demás bisontes huyen, pero la presa designada no tendrá la misma suerte. Raido lo muerde en el área del perineo, provocando un desangramiento. Los demás lobos atacan al animal en sus patas y torso, Raido se aleja, toma vuelo, corre y ataca a la garganta. El Bisonte ha caído, y los alfa son los primeros en comer, mientras los de rango intermedio evitan que los de bajo rango se acerquen. El corazón, el hígado y los pulmones han sido comidos. Mosay es el siguiente en acercarse, se ha recuperado y está creciendo fuerte como nadie, todos están de acuerdo de que será un gran sucesor.

Los días pasan y la comida escasea, ya no se ven muchos animales, algo más los está cazando. Uno de los lobos observa el problema y regresa a reportarlo.

— ¡Son humanos! Los humanos han llegado a este lugar.

Los lobos se ponen tensos, están asustados, existen muchas leyendas sobre el poder de los humanos. Raido da la orden y los lobos comienzan a esconderse. Mosay sigue siendo curioso, y decide observar a los humanos. Es de tarde y falta unas horas para anochecer. No le toma mucho tiempo encontrarlos, su olor es muy diferente a lo que ha olido en toda su vida. Observa con claridad, a uno de ellos, matando a un oso, de un disparo en la cabeza. Mosay piensa que la forma de cazar de los humanos es impresionante, no tuvo que ponerse en peligro, lo asesino de lejos.

Mosay decide quedarse un rato mas, quiere ver como esas criaturas comen sus presas. El humano es felicitado por dos de sus compañeros, uno de ellos saca una cámara y le toma una foto con el oso. Mosay no entiende que está sucediendo, no se lo están comiendo, lo han dejado ahí que se pudra.

— ¿Lo mataron solo para hacer esa cosa tan extraña? ¿Le quitaron la vida por diversión?

Mosay piensa por mucho pero no logra entender la forma de razonar de esas criaturas. Desobedeciendo la orden de su padre, el lobo blanco decide seguir a los humanos, quiere aprender más de tan formidable enemigo.

Los ha seguido por horas, con cuidado, se ha alejado de su territorio y está abierto a muchos ataques, pero el confía en no ser detectado, es bastante hábil para su edad. Finalmente ha llegado a una cabaña, observa desde un escondite como se comportan. Observa muchos animales disecados en las paredes de la cabaña.

—La caza de hoy fue muy divertida, aunque ese oso no dio mucha pelea.
—Si, estuvo bien. Mañana espero cazar un lobo o un zorro, esos son mas escurridizos.

Por alguna razón, Mosay logra entender todo lo que ellos dicen. El mismo está sorprendido, el lenguaje de los humanos es diferente a los de su clase, pero el entendió cada una de las palabras. También entendió que ellos solo mataban por diversión, terminaban vidas solo para hacer más emocionantes las suyas. Esos seres eran asquerosos, su forma de pensar es horrible, repugnante, eso le pareció. El lobo blanco se retiro llevando con él un gran desprecio a esa raza, pero también llevo mucho consigo el miedo.

No hubo más problemas, los humanos mudaron su caza a otros lugares, y los lobos y los demás animales pudieron salir de sus escondites y vivir otra vez.



El tiempo ha pasado, Mosay ha cumplido dos años, en breve comenzara a buscar una pareja y su propio territorio. En dos días partirá, se despide de sus hermanos y de sus viejos padres. Antes de irse pasara tiempo con el resto de la manada.

La noche cae, las estrellas brillan. Mosay está sobre una roca, aúlla a la luna con melancolía. Observa todo el territorio de su padre, está feliz de haber sobrevivido y de haber tenido una vida pacífica. Desciende lentamente por la montaña, pero varios aullidos llaman su atención, son aullidos y ladridos que le piden regresar, son aullidos de miedo.

En el núcleo del territorio, donde todos están reunidos, hay algo que los asecha. Rija, uno de los lobos de confianza de Raido, está cerca de él y le pregunta— ¿Qué rayos es eso? No son lobos, osos o algo parecido, tampoco son humanos, es extraño—Raido se queda callado, tiene las orejas atrás, se le ve asustado, Rija nunca lo ha visto así, incluso cuando la otra manada, que era superior en número ataco el estuvo fuerte y peleo contra tres al mismo tiempo, aun cuando los humanos llegaron, el se mantuvo claro, pero ahora, el gran lobo alfa, el más valiente lobo, ahora, está asustado.

Mosay ha llegado, los ve a todos asustados, el no entiende porque. Al pasar su sorpresa, su olfato (el mejor de la manada) capta la esencia de la cosa que los asecha. Es un olor a podrido, fétido pero a la vez es aromático y relajante, nunca antes ha olfateado algo como eso. A pesar de su visión, los lobos no logran divisar al ser que los asecha. Ellos también captan el horrible pero hermoso olor, primero pensaron que era el olor de la pólvora, que los molestos humanos habían venido a atacarlos, pero no, eso no era humano, para nada.

Unos ojos blancos se ven en la oscuridad, en lo alto. Se escucha el aullido final de uno de los lobos, los demás se asustan y saben que serán los siguientes. Los lobos caían uno detrás de otro, Mosay se acerca a sus padres, se comunica con ellos con pequeños gemidos pero, ellos no responden. Un viento extraño, frio y lleno de maldad, perfora sus cuerpos, pero el cuerpo de Mosay solo queda herido. — ¿Qué es esto? Has sobrevivido a mi ataque—Pregunta una voz fría y vacía. Mosay solo puede gimotear.

—Ya veo. Eres un lobo maldito. No creí que los de tu clase nacieran así.
— ¿Los de mi clase? –Se pregunta Mosay.
—Te dejare vivir, lobo maldito.

Lo que producía la voz se ha materializado en un ser de sombras, humanoide y emite una gran maldad, una energía demoniaca. Las lobas han sido reanimadas, han vuelto a la vida pero solo para ser violadas por esa sombra. Una y otra vez, para luego ser tragadas, tragadas al igual que los machos. Mosay mira aterrado, su familia ha muerto, lo que ha observado supera la maldad de los humanos, era una maldad de la más alta clase. Y observando esa maldad, se desmaya.

El sol resplandece, Mosay se levanta, herido aun. Camina por el bosque, camina por horas, herido y cansado, pero camina. De tanto caminar, el lobo blanco se desmaya. Un ladrido llama su atención, el ladrido de un perro, una perra dálmata. Una joven mujer sigue el sonido del ladrido, observa al lobo, lo carga mientras sus cabellos dorados brillan con el sol. Mosay piensa para sus adentros mientras es cargado— ¡Suéltame! Sucia humana, suéltame— La joven no lo suelta, las palabras de Mosay son solo gemidos.

La joven lo lleva hacia su tienda, ella esta acampando en el bosque, le gusta la naturaleza.

Mosay sigue gritando por dentro, pide que no se le acerque, pero ella no hace caso. La joven pone la cabeza del lobo blanco sobre sus piernas, Mosay intenta moverse pero no puede, está demasiado débil. La joven acaricia su cabeza— ¡No! Suéltame humana. No quiero ser tocado por los de tu raza, los aborrezco—La joven lo sigue acariciando, con mucho amor, la perra dálmata observa preocupada— ¡Maldita humana! ¿Por qué? ¿Por qué tus caricias son tan cálidas y reconfortantes? Tú que perteneces a esa sucia raza— Con sus pensamientos, Mosay se queda dormido.

Al día siguiente, se despierta pero aun no puede moverse. A su hocico llega el olor de un estofado de carne. La joven nota que ha despertado, le habla con una amable voz—Me alegra que hayas despertado—Dice con una sonrisa.

—Debes tener hambre ¿verdad? No te preocupes, también eh preparado comida así para Dayla, ya que eres un lobo debes tener gustos similares, o eso creo.

La joven lo alimenta con cucharadas, Mosay no quería nada de los humanos pero, esa comida tenía algo especial, algo amable, como la comida que su madre le regurgitaba cuando era cachorro.

Mosay vuelve a dormirse, y al día siguiente se siente mejor. Al abrir los ojos mira frente a él a la humana, durmiendo con su perra encima de su pecho. El lobo blanco se quita las frazadas que la joven le puso para que no pase frio, nota las vendas en su cuerpo.

Lo único en la mente de Mosay es salir de ahí. La humana no parece como los otros pero puede que solo este fingiendo, no se dejara engañar por esas palabras. La joven nota que intenta irse, se levanta y le dice que aun no está curado, que debe descansar más tiempo. Mosay le gruñe, levanta las orejas y le muestra sus fauces, pero ella no está asustada. Se acerca a él lentamente, Mosay hace ademan de morderla pero la perra dálmata interfiere derribándolo con facilidad.

— ¿Ves? Estás muy débil. Si una perra puede vencerte, no tendrás oportunidad ahí fuera.

Mosay se duerme una vez más. Esta vez es despertado por los lamidos de Dayla, la comida esta lista. Mosay come de un plato hondo, sin descanso prueba la comida. Ya está recuperado, piensa irse y no dejara que esa mujer lo detenga. La joven lo acaricia, y lo besa en la frente. Dayla enloquece, se mueve de lado a lado ladrando, el lobo blanco se ha convertido en un bebe, un bebe de dos años.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Escrito Random: Problemas de una vampiresa adolescente 1




-¡No lo puedo creer! Hoy tengo una cita con ese hombre lobo súper atractivo. ¿Qué debería ponerme?

La joven vampiresa se levanta de su cama, deja su celular en ella, se dirige a su guardarropa, elige varias prendas, saca su maquillaje y se mira en el espejo, pero, no hay reflejo.

-Cierto. Soy una vampiresa, no tengo reflejo. ¿Ahora como me maquillo y cambio?..... ¡Maldición!

 
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