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sábado, 13 de agosto de 2016

Relato: El primero






El siguiente es el primer escrito perteneciente al universo de cuentos y relatos: Black World.

EL PRIMERO

DICIEMBRE 1476. BUCAREST.

CAMPO DE BATALLA

11:50 PM

Millones de soldados turcos batallan contra millones de soldados rumanos. Las batallas son sangrientas, las cabezas vuelan y los cuerpos se amontonan en pilas. Los rumanos están perdiendo, sus muertos son por mucho, superiores a los de su rival.

Vlad III cabalga su corcel. Blande su Kiliç y decapita turco tras turco. Cegado por estar sonriendo ante los charcos de sangre en la tierra donde peleaban, y por el enojo de haber perdido a su amada esposa, muerta por los turcos luego de que tomaran el castillo en un ataque sorpresa, no se percata de que las patas traseras de su caballo han sido cortadas. El caballo cae y el Vlad lo sigue.

Al levantarse del suelo, Vlad se ve rodeado de seis turcos. Sus enemigos se van acercando lentamente, sus espadas están deseosas de gloria. Vlad III blande su Kiliç y logra decapitar a uno, cortarle el brazo a otro, pero no puede defenderse de los demás. Es apuñalado numerosas veces y cae en un charco de su propia sangre, mezclada con la de sus hombres y enemigos.

Vlad, moribundo, ve a sus hombres caer uno detrás de otro. Observa con lágrimas sus tierras en llamas, las chispas que producen el cruzar de espadas. Oye los gritos de sus soldados, el sonido que producen las espadas al chocar, los derrumbes. Los turcos están extasiados, muy felices por haber logrado el mayor acto posible— ¡Lo matamos! —Gritan— ¡Tepes ha muerto!

Moribundo, Vlad Drăculea pide ayuda. Su garganta se inunda de sangre, no puede articular palabra, pero por dentro grita por ayuda. Le grita al cielo, y no es escuchado. Le grita al infierno, y una voz le responde— ¿Quieres mi ayuda, niño católico? —dice arrogante la voz.

—Sí. Si. La quiero más que nada.

— ¿Qué hay de tu Dios? ¿Por qué no se la pides a el?

—El. El me ha abandonado.

—Es algo cruel de su parte ¿no lo crees?

— Si. Es muy cruel. Yo que tanto lo venere.

—No te preocupes, yo si soy bueno ¿Qué es lo que quieres?

—Poder. Poder para no ser derrotado.

—Ya veo. Te lo daré.

— ¿De verdad?

—Por supuesto. Te daré el poder que tanto deseas, pero…

— ¿Pero?

—Primero. Renuncia a tu fe. Segundo. Tendrás que servirme por toda la eternidad. Y ese gusto del cual sueles disfrutar luego de empalar a alguien, podrás disfrutarlo al máximo.

—Que se pudra. Acepto servirte, si con eso obtendré poder.

12:00 PM

Vlad Drăculea hijo de Vlad Dracul, ha muerto. Abre los ojos y se levanta. Sus heridas están curadas, y sus órganos han sido regenerados. Recoge su Kiliç, y observa a los turcos. Los soldados que lo mataron están descansando, la batalla está por ser ganada. Vlad se acerca a ellos, le dan la espalda. La espada curva es blandida y todos pierden su cabeza en un instante. El grito de un soldado turco se oye fuerte y se clava en los oídos de todos— ¡Esta vivo! ¡Vlad Tepes está vivo! —Vlad sonríe, se siente como nunca.

—No. No estoy vivo, solo, no estoy muerto.

La insignia roja de la orden del dragón reluce en espalda de su armadura. Vlad desaparece y en su lugar queda un humo negro como nunca antes visto— ¿Dónde está? —se preguntan.

Vlad aparece en el cielo oscuro, frio y lleno del humo creado por el fuego. Desciende a gran velocidad en medio de miles y miles de soldados turcos, y moviéndose a velocidades inimaginables decapita a todo aquel que se le cruce. Desmiembra a todo turco en su camino. Se detiene, observa la sangre en sus manos, la bebe con gusto. Es la primera que disfruta tanto beber sangre.

Es atacado por muchos soldados. Vlad se mueve en medio de ellos, atrapa dos cabezas con una mano cada una y muerde los cuellos succionando la sangre en cuestión de milésimas de segundo. Oleadas y oleadas de murciélagos negros aparecen en el cielo haciéndolo aun más oscuro. Los soldados son atacados por ellos, muchos mueren, algunos lograron cortarlas pero, solo lograron que se multiplicaran, esas ratas voladoras eran inmortales.

La armadura negra y llega de sangre de Tepes está rodeada de sombras de un negro nunca antes visto. Todo su cuerpo está rodeado por esas sombras, y por un humo igual de negro. No puede creer que sea tan poderoso, se siente invencible. Aun quedan algunos valientes. Ellos atacan al poderoso ser. Trece lo apuñalan en varios puntos de su cuerpo, pero Vlad sigue perdido en sus pensamientos. Levanta la vista, se mueve tan rápido como el sonido y se eleva en el cielo mientras las cabezas de sus atacantes caían al suelo.

Vlad divisa su objetivo, desciende. Vlad se acerca a su Guardia Moldava, a los pocos que quedan. Solo 10 han sobrevivido. Ellos también están sorprendidos por lo que han visto, no pueden pronunciar palabra. Vlad muerde los cuellos de todos, pero no murieron solamente, revivieron, más fuertes y más rápidos. Todas sus heridas fueron curadas. Las heridas de Vlad también han sanado, su armadura negra esta como nueva.

Los soldados de la guardia se mueven velozmente, los turcos los pueden ver, no es como con Vlad, pero aun así, no los pueden detener. Vlad grita, de su espalda salen dos alas negras, de murciélago. Vuela hacia lo alto de su castillo. Desde ahí, las sombras que produce, se comen al castillo, y cuando se esparcen este está como nuevo. Todos los sirvientes muertos dentro del han revivido. Después de unos minutos, ya no quedaban turcos con vida. Draculia los consumió a todos. Miles y miles de empalados en enormes estacas decoran el campo de batalla.

Vlad tercero está sentado en su trono, levanta su copa llena de sangre de turcos, sus sirvientes hacen lo mismo— ¡Salud! —Todos beben gustosos. Un murciélago se posa sobre la cabeza de Vlad. Tepes se levanta. Se dirige a sus aposentos. Su mujer, hermosa, desnuda, en la cama matrimonial, espera con una sonrisa. Espera el demonio en tierra. El conde Dracula.

FIN

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